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Roma ve posible un acuerdo tras la reunión del Papa con Milingo

El arzobispo debe dejar a su mujer y a Moon

'El encuentro abre un diálogo que esperamos pueda llevar a desarrollos positivos', afirmó ayer el padre Ciro Benedettini, portavoz adjunto de la Santa Sede, tras la reunión mantenida por la mañana entre el Papa y Milingo. Previamente, la noche del lunes, el arzobispo se había presentado en Castelgandolfo, donde veranea Juan Pablo II, y permaneció media hora en el palacio. El Vaticano informó de que en esa primera visita el arzobispo se había entrevistado con el secretario personal del Papa, Stanislaw Dziwisz.

'Ahora es necesario rezar, se han dicho muchas mentiras', manifestó Milingo tras ser recibido en Castelgandolfo. Hace veinte días, el arzobispo zambiano pidió por carta al Papa que le dispensase del voto de celibato, para poder casarse por el rito católico. En su escrito, resaltaba que, a su edad, no se había casado 'por concupiscencia', ya que sus 'impulsos sexuales' están 'reducidos al mínimo', y explicaba: 'Me he casado pensando en Dios, llevado por un deseo profundo de encontrar de nuevo la fe pura y honesta al denunciar los graves pecados que en el ámbito moral han herido y debilitado al clero católico'. Milingo elogiaba además al reverendo Moon, quien le habría 'ayudado a comprender el papel sagrado que el matrimonio y la familia pueden jugar en favor de la sociedad y de la búsqueda de salvación'.

El 17 de julio, la Congregación para la Doctrina de la Fe difundió un comunicado de su prefecto, el cardenal Joseph Ratzinger, en el que se emplazaba a Milingo a plegarse a una serie de condiciones: 'Dejar a su esposa María Sung; romper todo vínculo con la secta Federación Familiar para la Paz y Unificación Mundiales; declarar públicamente su fidelidad a la doctrina y disciplina eclesiásticas sobre el celibato, y manifestar su obediencia al Supremo Pontífice mediante un acto claro e inequívoco'. El comunicado concluía: 'Si el arzobispo Milingo no cumple formalmente antes del 20 de agosto lo que aquí se requiere de él, le será impuesta la excomunión que es prerrogativa de la Santa Sede'. Ratzinger añadía que la excomunión es un gesto 'doloroso' para la Iglesia, que 'reza por el deseado retorno del arzobispo al abrazo con el Padre común'.

La mayoría de los expertos creen que la trayectoria eclesiástica de Milingo ha llegado a su fin con su sonada boda. Cuando se produjo, fuentes vaticanas señalaron que el Papa se sentía herido por la acción de Milingo y añadieron que Juan Pablo II había sido hasta entonces condescendiente con él pese a que voces de la Iglesia pedían que fuese castigado por curanderismo y exorcismo. El arzobispo, tras la boda, se mostró despreocupado por la amenaza de excomunión y dijo: 'Dios está aún conmigo. Amo a mi Iglesia'. Pero añadió que el Vaticano estaba en su contra y poniéndole contra la pared.

Milingo, nacido en Mnubka, al este de Zambia, fue ordenado sacerdote a los 28 años, y a los 39 era obispo de Lusaka. En 1983 dimitió cuando Juan Pablo II juzgó incompatibles su actividad como sanador y exorcista con ese cargo eclesiástico. Acusado de haber perdido el equilibrio psíquico, se le llamó a Roma y, tras sometérsele a un verdadero proceso, se le dio un puesto en un organismo encargado de la pastoral del turismo. No obstante, siguió oficiando ceremonias de masas en las que practicaba exorcismos, e incluso cantó en el festival de San Remo una canción traducible como Ebrio, ebrio. El pasado septiembre fue desprovisto de su puesto por sus contactos con los moonies. En noviembre el Vaticano publicó nuevas normas duras sobre exorcismo y sanación. Según algunos expertos, se redactaron para él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001