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GOLF | TORNEO DE LA PGA NORTEAMERICANA

Woods, hundido en el agua de Duluth

El californiano repite actuación decepcionante tras su fracaso en el Open Británico

Aun escapan poco a poco pequeñas burbujas de uno de los lagos artificiales del campo del Athletic Club de Duluth (Georgia). El del hoyo 18. Allí chapoteó la bola de Tiger Woods salpicando con un bogey, otro más, la mediocre tarjeta de 73 golpes, tres sobre el par del campo, del californiano. Un Tigre de ceño fruncido, gesto torvo y rostro, eso sí, definitivamente humano. Humano y por lo tanto, vulnerable. "Sólo tengo que solucionar un par de cosillas y estaré ahí, de vuelta", dijo después un optimista Woods al que le quedan pocos motivos para el optimismo, aunque sea el ganador de las dos últimas ediciones de este torneo.

Pero el mensaje de fragilidad que sembró el Tigre por la cuidada hierba del Highlands lo captó a la perfección David Duval, que ha abandonado, por fin, los colores sombríos del segundón por la luminosidad que otorga la confianza tras su éxito en julio en el Abierto Británico. El estadounidense completó la jornada con cuatro golpes bajo par, en el pelotón perseguidor de los líderes. "Hacía mucho, pero que mucho tiempo que no me sentía tan seguro de mis posibilidades", afirmaba entre sonrisa y sonrisa Duval al final de su recorrido.

Pero no fue el único en captar que lo de Woods no es una bruma pasajera, sino un tunel muy oscuro del que no se aprecia el final. El español Sergio García acabó con 68 golpes, perfectamente colocado para sitiar a los líderes. Pródigo en golpes prodigio, esta vez regaló un putt larguísimo desde el antegreen con la bola en precario equilibrio entre el césped y el agua para firmar el par en el hoyo 4. García, que este año ya se ha apuntado dos torneos en el circuito estadounidense, está recuperado de sus tribulaciones del curso pasado y promete que "este es el momento de ganar mi primer torneo del Grand Slam".

Otro avispado en ese carro de sucesores de Woods fue Niclas Fasth, segundo en el British tras Duval, que confirmó el auge del golf nórdico y también mostró orgulloso en la casa club del Athletic un cartón que certificaba sus 66 golpes, cuatro bajo par. El joven Fasth, 29 años, tiene un pequeño incoveniente para ganar, además del de competir con los mejores: juega en el circuito europeo y el torneo de la PGA norteamericana es fiel a su apellido, le gusta que ganen jugadores que juegan el circuito norteamericano. Y casi siempre es así.

Los otros participantes españoles, al margen de El Niño, sin embargo, no consideraron que el pasillo que abre la depresión de Woods fuera con ellos. José María Olazábal firmó una tarjeta de 71 golpes. El vasco, que necesita una gran actuación para tener posibilidades de disputar la Ryder Cup el próximo septiembre, se limitó a cumplir sin rastro de audacia. Mientras, Miguel Ángel Jiménez acabó con cuatro golpes sobre el par, poniendo en peligro ya no sólo su presencia en la Ryder, sino incluso su participación en las dos últimas jornadas del torneo.

El magnífico Mickelson, famoso por no terminar de rematar jamás la faena de ganar un grande, también firmó 66 golpes, una tarjeta compartida por numerosos jugadores que se conviríó en la segunda mejor de la jornada de ayer, tras la brillantísima de Waite, líder con seis bajo par.

Igual prepara un golpe subversivo como el de Duval, otro eterno segundón, en Abierto Británico. Por el momento los papeles ya están invertidos y aunque sólo ha transcurrido una jornada, en esas nuevas cartas, a Woods le toca por abajo.

Ayer, le tocó, exáctamente, estar hundido en el agua del enorme lago que rodea el hoyo 18.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de agosto de 2001