Una obsesión perpetúa las esperas en la parte de atrás del edificio de la Delegación de Gobierno en Valencia: la de abandonar la condición de 'sin papeles'. Centenares de inmigrantes pasan la noche a la intemperie reservando turno para averiguar después de las 9.00 en qué estado de tramitación está su expediente. Desde que el 31 de julio se cerrara el plazo de regularización antes de la entrada en vigor del reglamento que desarrolla la Ley de Extranjería, los inmigrantes soportan un sin vivir para conocer la resolución de su petición. 'No puedo volver a mi país. Llevo en España más de dos años. He soportado explotación y marginación. Quisiera que no fuéramos números para la Administración, que nos avisaran cuando falta algún papel, que tomaran conciencia de lo que es para nosotros, supervivencia, como en tiempos lo fue para ustedes', explica, Nelson, colombiano de 29 años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de agosto de 2001