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Reportaje:

Eva y el Príncipe, juntos en Oslo

Haakon de Noruega se casó con la plebeya rebelde Mette-Marit, que rompió a llorar cuando el obispo de Oslo le dijo que comenzaba 'una nueva etapa, con dignidad'

Oslo vivió ayer su gran fiesta real. Decenas de miles de personas, y sobre todo niños, se apiñaron a ambos lados de la Avenida Karl Johan, la arteria que cruza el centro de la capital noruega, para ver pasar y saludar, entre gritos de júbilo y agitando banderitas con los colores rojo, azul y blanco de la bandera nacional, a la que ya es su nueva princesa heredera, Mette-Marit. La Cenicienta escandinava se casó con su Príncipe Haakon.

Pese a los constantes chispazos de lluvia, los príncipes Haakon y Mette-Marit fueron conducidos por el viejo Lincoln descapotable que, 33 años atrás, cuando se casaron los actuales reyes Harald y Sonia, realizó el mismo recorrido desde la Catedral al Palacio Real. Una vez allí, los novios saludaron a los ciudadanos, por primera vez, juntos y como príncipes. Mette-Marit aprovechó la ocasión para alzar en brazos, en medio de los aplausos de sus compatriotas, a su hijo Marius, de 4 años, fruto de una relación anterior con un novio que fue condenado por posesión de cocaína.

Gunnar Stalsett, obispo de Oslo y confesor del príncipe Haakon, fue quien convirtió en marido y mujer a la pareja, en la primera boda real del milenio y la más controvertida que se recuerda. No sólo porque la sangre azul no corre por las venas de la novia, sino por el desafío a las rigideces monárquicas que supone su vida en común con el novio previa al enlace, su condición de madre soltera y los años en los que para ella fue crucial "transgredir los límites establecidos", durante los que frecuentó ambientes donde era habitual el consumo de drogas, que hoy rechaza. La elección de la novia, ataviada con un vestido sencillo color marfil del diseñador noruego Ove Harder, tocada con una tiana de brillantes en oro blanco y arrastrando más de dos metros de cola, ha levantado considerable escepticismo en los sectores más devotos de la ortodoxia monarquica.

Si la joven plebeya, de 28 años, había pedido al pueblo noruego que no la juzgara por su "pasado disoluto" sino por lo que haga a partir de hoy, el primero en recoger el guante fue el propio obispo Stalsett, conocido por su mentalidad abierta. La novia, que se había desayunado con titulares como "El Cuento de Hadas de Noruega" o, directamente, "¡Princesa Heredera!", rompió a llorar cuando Stalsett se dirigió a ella: "Inicias hoy una nueva etapa, más limpia. Y lo haces con dignidad". Mette-Marit tuvo que sacar el pañuelo de nuevo cuando el obispo, que subrayó su amor de madre, advirtió que "quien no perdona, no merece confianza". Los novios entrelazaron las manos buena parte de la ceremonia y durante el banquete. En la cena, la princesa no pudo contener las lágrimas cuando su esposo la definió como una persona "compleja" que le ha hecho sentir "lleno de amor" y cuando, en una nueva transgresión de la tradición, le espetó, con las cámaras delante y 300 millones de telespectadores pendientes: "Mette-Marit, te quiero".

Entre los nueve jefes de Estado europeos presentes en la Catedral de Oslo, siete de ellos reyes y reinas, y entre la treintena de miembros de las casas reales que les acompañaban, figuraban la reina Doña Sofía y el príncipe Felipe. Cada movimiento de la representación española ha desatado especulaciones sobre un posible encuentro entre el príncipe Felipe y la modelo Eva Sannum, con quien se le relaciona sentimentalmente desde hace tiempo.

La reina llegó a Oslo ayer, pocas horas antes de que la boda. Pese a que Don Felipe es su pareja en los actos programados, el príncipe de Asturias se encuentra en la ciudad desde el miércoles, un día antes de que se iniciaran los festejos con la despedida de solteros a la que asistió Eva Sannum. Los inagotables rumores de la ciudad apuntan que ella le estaba esperando en el Gran Hotel, donde se aloja. Además, mientras Doña Sofía se marchará en torno al mediodía de hoy, fuentes del Ministerio de Exteriores noruego insistieron ayer en que la Casa Real noruega se resiste a facilitar información sobre la salida del país del príncipe de Asturias. El periódico VG, uno de los de mayor circulación en el país, asegura que algunos guardaespaldas habrían apuntado que tienen trabajo aún para dos días más.

Encuentro del Príncipe y Eva

La prensa relaciona este desajuste de programas con la supuesta relación que Don Felipe mantiene con la modelo, que, ayer, en la ceremonia religiosa, ocupaba uno de los últimos bancos, con un vestido azul turquesa de generoso escote. Sannum, por haber sido invitada a la boda en la categoría de amigos y por cuestiones de protocolo, llegó una hora antes a la Catedral, y no tuvo ocasión de cruzarse ni durante el casamiento ni durante el banquete. Eva cenó con otros 180 invitados ajenos a la realeza en el edificio histórico de la Sociedad Militar de Oslo, mientras Doña Sofía, el príncipe de Asturias y los invitados más ilustres llenaban el cupo de convidados del Palacio Real.

La modelo no ha desvelado a sus amigos si en alguna ocasión se ha encontrado con la reina Sofía, que según fuentes próximas a Sannum, no desea fotografías en las que los jóvenes aparezcan juntos. Por el momento, han conseguido, si se han visto, no ser pillados juntos por los paparazzi. Lo que es seguro es que Reina, Príncipe y modelo coincidieron anoche, porque los comensales de la Sociedad Militar se reunieron, a partir de las once, con los reyes, príncipes, novios y el resto de invitados en el Palacio Real. Periodistas noruegos acreditados en la fiesta vieron al Príncipe y a la joven noruega charlando animadamente a solas en un rincón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de agosto de 2001