El presidente de México, Vicente Fox, es el único jefe de Estado con el que George W. Bush mantiene buenas relaciones personales. Bush cree, además, que la relación con México es 'lo más importante' para Estados Unidos. Quizá por la confianza, o quizá porque necesitaba ganar puntos ante la opinión pública mexicana, Fox provocó ayer un largo momento de estupor en los jardines de la Casa Blanca al demandar 'un acuerdo sobre emigración antes de que acabe este mismo año'. El propio Fox había reconocido la víspera que ese acuerdo tardaría bastante y había fijado como plazo razonable el final de su mandato presidencial, en 2006. Bush, de pie a su lado, no pudo evitar un gesto de extrañeza.
El propio Vicente Fox había reconocido la víspera del encuentro que ese acuerdo, que debería incluir la legalización de al menos tres millones de trabajadores mexicanos sin papeles, tardaría bastante y había fijado como plazo razonable el final de su mandato presidencial, en el año 2006. George Bush, de pie a su lado, no pudo evitar un gesto de extrañeza.
"No sé qué habrá querido decir el presidente Fox", reconoció más tarde Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca. "Esperábamos que el presidente Fox planteara esa urgencia, aunque quizá no en el momento en que lo hizo", comentó la asesora de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice.
Durante la ceremonia, Bush había salido del paso con una vaguedad: "Los amigos actúan de buena fe y discrepan con respeto; los amigos permanecen juntos, tanto en los buenos tiempos como en los malos". Inmediatamente tendió un cable a su amigo del sur, entendiendo que no podía volver a México con las manos vacías: "Firmaremos un documento, haremos una declaración, cubriremos todo tipo de asuntos... Podrá regresar [Fox] y hablar de nuestra relación especial".
Con su peculiar sintaxis, Bush hizo una afirmación de la que tomarán nota en la Unión Europea, especialmente los británicos, aliados de toda la vida: "Estados Unidos no tiene en el mundo una relación más importante que la que tenemos con México". Y siguió el mandatario estadounidense: "Mi política exterior empieza con una idea simple, pero profunda: la mejor política exterior implica tener buenos vecinos, empieza en el propio vecindario".
Bush recibió a Fox con todos los honores en los jardines de la Casa Blanca. Hubo una ceremonia matutina, sobre el césped del ala sur del complejo presidencial, con 21 disparos de cañón, parada militar y banda de músicos con tricornio y casaca roja.
Después de los discursos y de que Fox reclamara para este año el de momento imposible acuerdo sobre inmigración (el Congreso de Estados Unidos no quiere ni hablar de ello), los dos presidentes se encerraron en el Despacho Oval para mantener una conversación privada.
Los responsables diplomáticos de los dos países, el secretario de Estado Colin Powell y el canciller Jorge G. Castañeda, empezaron a trabajar por su cuenta sobre una amplia agenda de temas que, además del importantísimo apartado de la emigración, incluye comercio, desarrollo económico, intercambio de energía y cooperación contra la delincuencia y el tráfico de drogas.
Castañeda insistió en que, fueran cuales fueran los plazos finales, era necesario hablar de una amnistía general para los inmigrantes mexicanos que trabajan sin la documentación en regla en Estados Unidos.
Powell, cuyo partido, el Republicano, rechaza por completo la opción de una regularización masiva que beneficiaría a unos tres millones de mexicanos, soslayó el tema y comentó que era "mejor un buen acuerdo que un acuerdo rápido".
Condoleezza Rice, por su parte, argumentó que resultaba "extremadamente importante" e "histórico" que los dos jefes de Estado hablaran abiertamente de regularizar el tráfico migratorio entre México y Estados Unidos, incluyendo el irregular.
Se estima que en estos momentos hay entre siete y nueve millones de mexicanos en situación de ilegalidad en territorio estadounidense. Además, los flujos de emigrantes no amainan, tando de los mexicanos que optan por jugarse la vida atravesando el Río Bravo, como los que hacen cola ante la Embajada de Estados Unidos en México para solicitar cupo y trabajar como temporeros en el norte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de septiembre de 2001