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REPORTAJE

Vetas en vías de extinción

La sociedad de las minas de Riotinto estaba valorada en mil millones de pesetas en 1954

Sevilla
Pirita, cobre, plomo, hierro, plata, bentonita..oro. Hasta 30 minerales distintos se esconden bajo el suelo andaluz en cantidades suficientes para haber justificado su explotación en algún momento de su historia. El cierre de las minas de Aználcollar, que deja en la calle a 425 trabajadores, es el último episodio del largo historial de crisis mineras iniciadas en el XX. Antes de que la multinacional Boliden anunciase su marcha lo hicieron a comienzos de aquel siglo otras muchas compañías extranjeras que explotaban los yacimientos de Andalucía, donde la actividad minera ha tenido un claro carácter colonialista hasta las nacionalizaciones posteriores a la guerra civil.

El cierre de las minas de Aznalcóllar es el último episodio del declive al que asiste una de las actividades más antiguas de la humanidad en Andalucía, la tercera comunidad autónoma por producción minera, después de Castilla y León y Asturias. El retroceso debió ser impredecible hace unas décadas, pero hace más de un siglo los pueblos nacían y morían por azar de los minerales.

En la comarca de Riotinto (Huelva) fue tal el peso económico que el primitivo pueblo fue dinamitado en 1886 para que no frenase la ampliación de las labores mineras en la corta Atalaya. Nada era más importante que la continuidad extractiva. Gracias a ella se desarrolló la red de ferrocarril en numerosas zonas de Andalucía para conectar los yacimientos con puertos desde los que se embarcaban los minerales. Los 84 kilómetros de vía férrea que siguen el curso del río Odiel, que conectaban la mina con el puerto de Huelva, fueron construidos por la Compañía de Riotinto en apenas tres años (1873-76). La inversión coincidió con el resurgir de la actividad, después de que el Gobierno vendiese las minas en mitad de una fuerte polémica. La firma británica Matheson, dedicada hasta entonces al negocio bancario en Londres, pagó casi cuatro millones de libras por un lote, en el que se incluían montes, hornos, caballerías, edificios y yacimientos, según figura en el libro blanco de la minería, elaborado por la Junta de Andalucía.

La comarca de Riotinto es un verdadero parque temático sobre la minería. A diferencia de los parques temáticos de verdad no es de mentirijillas. Cuando los romanos hicieron una escombrera de la época donde apilaron 16 millones de toneladas de escorias en la corta del Lago, según una de las publicaciones de la Fundación Río Tinto, ya había habido moradores dedicados a la primitiva explotación del cobre. Cada cicatriz del territorio guarda un pedazo de su historia. Sólo en el primer tercio del XX los criaderos de Riotinto dieron 45 millones de toneladas de piritas, pero también generaron cicatrices sociales. Los británicos transplantaron hasta la comarca una fuerte división social, entre directivos y obreros, que acabó desatando protestas sindicales notables.

Después de la guerra civil, las minas de Riotinto fueron nacionalizadas, al igual que ocurrió con otras explotaciones andaluzas que estaban en manos de capital extranjero. Las de Riotinto fueron, sin duda, las más emblemáticas. En 1954, después de que la compañía británica vendiese dos tercios de sus acciones a varios bancos españoles que constituyeron la Compañía Española de Minas de Riotinto, la sociedad estaba valorada en mil millones de pesetas de la época.

Su potencial no impidió que la zona también sucumbiese a la crisis, aunque la provincia de Huelva -donde también se hallan las minas de Tharsis- seguía aportando casi la mitad del valor de la producción minera andaluza en 1985, cifrado en 56.000 millones de pesetas.

El uranio de Diéresis

Para entonces provincias como Jaén o Almería, donde la minería había sido un histórico motor económico, ya sólo tenían producciones casi simbólicas, por detrás de Sevilla o Córdoba, donde se explotaron dos cuencas carboníferas en Villanueva del Río y Minas y la cuenca del Guadiato, respectivamente. En la provincia cordobesa tuvieron periodos de cierto auge yacimientos de barita en Sierra Morena -el 80% de la producción nacional salía de allí en 1970-, estaño y bismuto en Cerro Gordo, wolframio en Montoro o fluorita en Cerro Muriano. La fundición de Peñarroya-Pueblonuevo, donde se concentró una notable actividad, se paralizó en 1970. A comienzos de la década de los sesenta seguían activas numerosas explotaciones piríticas en Sevilla como la de Peña del Hierro, Castillo de las Guardas y la de Aználcollar. Algunas extracciones singulares se localizaron en la sierra Albarrana, de Córdoba, para obtener uranio, aunque la Junta de Energía Nuclear, responsable del proyecto, acabó abandonando el poblado y una serie de minas llamadas Alfa, Beta y Diéresis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001