'Contemplar el Gran Cañón del Colorado como un paraíso de cerradas óptimas para construir presas, las cataratas de Iguazú como un salto perfecto para producir electricidad o el Parque Nacional de Ordesa como un valle ideal para embalsar agua, implicaría un enfoque comprensible en los años treinta, pero hoy resulta tan absurdo que roza la comicidad'. Un argumento tan gráfico como éste es uno de los que acostumbra a usar Pedro Arrojo, profesor de Análisis Económico en la Universidad de Zaragoza, para defender un nuevo modelo en la gestión del agua, claramente contrario a las directrices del Plan Hidrológico Nacional (PHN).
Arrojo ha liderado durante un mes la bautizada como marcha azul, una peculiar peregrinación que ha reunido a todos los sectores e instituciones que en España se oponen al PHN. Desde el Delta del Ebro hasta Bruselas, en donde ayer concluyó la marcha, los activistas han recorrido media Europa exponiendo sus tesis y sumando apoyos de otros colectivos que se enfrentan a un debate similar. Representantes del Gobierno francés, el Parlamento Europeo o la Confederación Campesina han mostrado su sintonía con estas reivindicaciones que, en última instancia, persiguen el bloqueo de una posible financiación comunitaria a las obras previstas en el PHN.
Pero no todo han sido apoyos institucionales, como señala Francisco Puche, responsable de las librerías Proteo de Málaga y uno de los andaluces que se sumaron a esta iniciativa. 'La acogida', enfatiza, 'ha sido entusiasta en todas las localidades que hemos recorrido, una experiencia inolvidable por el conjunto de gentes, de todas partes, dispuestas a la lucha'. Idéntica opinión muestra Leandro del Moral, geógrafo y profesor de la Universidad de Sevilla, aún sorprendido 'por el espíritu reinante en las diferentes escalas de la marcha, ya fueran pequeños municipios de 150 habitantes o grandes ciudades como Lyón o París'.
La participación andaluza en la marcha, que llegó a rondar el centenar de personas y que se inició en Jaca (Huesca), se aglutinó en torno a la Red Andaluza de la Nueva Cultura del Agua (NCA), un foro de debate, constituido la pasada primavera, en el que se integran especialistas universitarios, colectivos conservacionistas, ayuntamientos afectados por trasvases y embalses, asociaciones ecologistas, representantes de partidos políticos y ciudadanos en general. Un colectivo que defiende el carácter social y ambiental del patrimonio hídrico común, 'cuyo buen uso debe apoyarse en un modelo de gestión racional de la demanda, aplicando programas de sensibilización, ahorro y eficiencia'.
Desde el primer momento, explica Del Moral, 'los andaluces advertimos que no estábamos allí para solidarizarnos con la cuenca del Ebro, afectada por el trasvase previsto en el Plan Hidrológico Nacional, sino porque compartíamos unos mismos objetivos y un mismo proyecto: el avance hacia un nuevo modelo de uso y gestión del agua en toda España'. Aún así, la NCA también se opone al polémico trasvase, parte de cuyo caudal está previsto que termine en la provincia de Almería.
Asimismo, los responsables de este foro sostienen que los grandes embalses previstos en cuencas andaluzas causarán un grave impacto en algunos de los últimos valles y ríos bien conservados de la comunidad autónoma. Es el caso del río Viar en Sevilla (embalse de Melonares), el río Guadiato en Córdoba (embalse Breña II) o el río Blanco en Málaga (embalse de Cerro Blanco). Para todas estas obras, aseguran, 'existen alternativas mejores desde el punto de vista económico, ecológico y social'.
A juicio de Leandro del Moral, la respuesta de la administración andaluza a los planteamientos de la NCA es, cuando menos, 'esperanzadora'. Aunque no se puede esperar una plena identificación de objetivos, 'ya que el Gobierno autonómico tiene que mediar entre intereses y valores sociales diferentes y discrepantes, sí que existe una notable coincidencia en la necesidad de avanzar en el cambio de mentalidades, sabiendo que el camino es duro porque hay difíciles inercias y poderosos grupos de presión que sortear'.
Comentarios y sugerencias a propósito de Crónica en verde pueden remitirse al e-mail: sandoval@arrakis.es
Progreso con marcha atrás
En lo que se refiere a la restauración ambiental de zonas naturales degradadas por todo tipo de infraestructuras, el progreso cabe interpretarlo en sentido inverso a lo que suele ser habitual. Es decir, desmantelar una presa, una vía férrea o una carretera puede ser un buen ejemplo del nuevo modelo de desarrollo que defienden colectivos como la Red Andaluza de la Nueva Cultura del Agua. En Francia los participantes de la marcha azul pudieron comprobar, sobre el terreno, la aplicación y beneficios de esta nueva filosofía. En algunas zonas, especialmente sensibles, no sólo se han dejado de construir presas sino que se han eliminado algunas de las existentes, siguiendo el ejemplo de iniciativas similares llevadas a cabo en Estados Unidos. Durante dos días los activistas se alojaron en la masía Bonnfond, recuperada por la asociación SOS Loire Vivante, en la parte del valle del Loira que iba a ser inundada por la presa de Serre de Fare, finalmente desmantelada después de una oposición ciudadana que se prolongó durante 10 años. Algo parecido está ocurriendo en el Parque Nacional de Sierra Nevada (Granada-Almería), donde este verano se han iniciado los trabajos para suprimir todos aquellos elementos que están causando alteraciones en los paisajes de la zona de cumbres, algo que desde hace años venían reclamando científicos, montañeros y ecologistas. El viejo albergue del Veleta (que nunca llegó a ocuparse), la carretera que cruza esta cima camino de la Alpujarra, antenas de telecomunicaciones y diferentes tendidos eléctricos serán eliminados como parte de un ambicioso plan de restauración ambiental. El techo de la Península Ibérica recuperará su aspecto primitivo, y ese, a juicio de la propia Consejería de Medio Ambiente, es el mejor síntoma de progreso para este espacio protegido.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001