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Reportaje:

Una singular pareja de hecho

Un caballo de carreras comparte cuadra en el Hipódromo de Mijas con un borrego para curar su estrés

Gapton Bob tiene cinco años, una edad avanzada para un caballo pura sangre dedicado a la alta competición en las carreras. Desde hace un año tiene su hogar en el Hipódromo de la Costa del Sol, en Mijas, y comparte su cuadra con alguien muy especial. Un borrego, al que su entrenador llama Raúl en honor al jugador de fútbol, es su singular pareja de hecho. Ambos animales duermen, comen e incluso pasean juntos. Los dos viajan cuando Gapton Bob tiene que correr en otros lugares, como Sanlúcar, Sevilla o San Sebastián y ya son inseparables.

El motivo, una particular aunque antigua terapia para curar el nerviosismo y el estrés del equino, uno de los males más de moda entre los humanos de estos tiempos y que también afecta a los animales. Lo que puede parecer una neurótica trama de Woody Allen es incluso más increíble que las historias que cuenta el director neoyorquino. Muchos no dan crédito, pero un pequeño borrego puede aliviar la ansiedad de un caballo mejor que los fármacos. 'Meter a otro animal en la cuadra de un pura sangre de carreras es algo que ya aprendí de mi bisabuelo. Las yeguas admiten a estos singulares compañero con mucha más facilidad, pero los machos pueden incluso matarlos. Sin embargo, éste es un caballo castrado y lo admitió perfectamente', dice Juan Manuel Sánchez, el entrenador de Gapton Bob. Otros prueban con ruedas, balones, una red en el techo o música clásica. Pero a Gapton Bob lo que de verdad le hizo efecto fue Raúl. 'Este caballo tiene su temperamento y está hecho para correr. Los trabajos son muy duros. No es un caballo para jugar', afirma Juan Manuel. 'Cuando me hice con él en un reclamar, una carrera de ventas, era muy nervioso. Escarbaba en el box, removía la paja y no podía estarse quieto, lo que le hacía estar muy delgado y no rendir lo que debía en la carrera', añade.

Su nuevo compañero le transmitió su paz y tranquilidad. Raúl se protege entre sus patas traseras y duerme sobre su lomo y Juan Manuel afirma que mientras siga entrenando a Gapton Bob no podrá separarlo del borrego. 'Si lo hago deja de comer, tira el pienso y no duerme', asegura. Tras un año de convivencia el resultado es de lo más positivo. Gapton Bob sigue estando guapo y fuerte y, lo principal según su entrenador, sigue ganando carreras. Ahora se deja acariciar y mueve la cola con suavidad aunque esté encerrado en pocos metros cuadrados. Su carácter ha cambiado. 'Le ha ido muy bien con él. Antes era muy arisco y ahora está mucho más relajado. Come bien y lo principal tanto para el dueño como para mí es buscar la comodidad y tranquilidad de un deportista', dice Sánchez.

Estas máquinas, pura sangres que mantienen todos los nervios de su cuerpo en tensión cuando participan en las carreras, tienen también su punto débil y tierno. Y es que los animales se parecen mucho más de lo que a veces creemos a los humanos. A algunos les gusta vivir solos y en este vacío encuentran la felicidad. Otros necesitan de alguien que complete sus vidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de septiembre de 2001