"Lo que más me molesta del Madrid son las injusticias", dijo, enigmático, el ex central madridista Fernando Sanz, antes del partido. Y ayer, en el minuto 82, se cobró su venganza ante un Bernabéu en pleno y ante su padre y ex presidente del club, Lorenzo Sanz, que celebró a saltos y en compañía de toda la familia el tanto de su hijo. Lorenzo Sanz, Paco Sanz y Lorenzo Jr. apoyaron al Málaga con fervor desde el palco que ocupan junto al presidencial de Florentino Pérez.
Cuando Fernando anotó el gol, sus hermanos y su padre vivieron un momento apoteósico. "Es natural", declaró el defensa en los vestuarios; "es mi familia y se alegra por mí". Él también se alegró de marcar el que es su primer tanto en la Liga y lo festejó sobre el césped con grandes aspavientos.
La celebración fue vista en vivo por 83.000 espectadores. Todos los que acudieron ansiosos por ver debutar al Zidane de la Liga en Chamartín. Lo que presenciaron fue ligeramente menos glorioso: el gol del empate del Málaga, firmado por Sanz, a quien muchos solían pitar hace dos años. De Zidane hubo pocas noticias.
Los miles de madridistas que atascaron con coches las inmediaciones del estadio horas antes del encuentro se llevaron un chasco. Del francés esperaban que asumiera la responsabilidad de dirigir al equipo en ausencia de Figo. Pero, sea por razones tácticas o por particulares, no lo hizo. En un centro del campo monopolizado por Makelele y Flavio, que jugaron en línea, como cogidos de la mano, se quedó fuera de foco. Apenas tocó la pelota.
Fernando Morientes ni se sentó en el banquillo. Justo cuando el Bernabéu le esperaba ver en la punta del ataque del Madrid, el delantero centro se cayó de la convocatoria. Sufría una sobrecarga desde el jueves y ayer por la mañana los médicos determinaron que no estaría listo para medirse al Málaga. Con este percance, Morientes continúa en su línea accidentada del curso pasado. En su lugar, el puesto de delantero diana lo ocupó Guti, que movió el balón con sentido a partir de los tres cuartos, pero falló dos ocasiones. Guti fue pitado con saña por un público que no le perdona lucirse, por ejemplo, con un taconazo. Muchos aficionados se han acostumbrado a señalar a Guti como chivo expiatorio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001