Juup Heynckes quiere un Athletic moderno, de toque y con la imaginación suficiente para resolver los partidos. Sin embargo, el encuentro pudo resolverse a los ocho minutos de la forma más clásica: un centro desde la izquierda (obra de Javi González) y un cabezazo a bocajarro del delantero centro (o sea, Urzaiz). Claro que el clasicismo también incluye el protagonismo del portero y Leo Franco decidió, a los ocho minutos, que iba a pasar una gran noche. Metió el cuerpo ante aquel panzer desbocado (o sea, Urzaiz) y repelió el balón. Un minuto después le metió los dedos a un zurdazo espléndido de Urrutia y volvió a impedir el gol. Cinco minutos mas tarde, le amargó la fiesta a Julen Guerrero metiendo los puños a un derechazo seco del capitán rojiblanco.
ATHLETIC 0| MALLORCA 1
Athletic: Lafuente; Lacruz, Carlos García, Roberto Ríos (Ezquerro, m. 76), Larrazabal (Felipe, m. 85); Urrutia, Alkiza (Tiko, m. 65); J. Etxeberria, Guerrero, Javi González; y Urzaiz. Mallorca: Leo Franco; Olaizola, Fernando Niño, Nadal, Soler; Novo (Campano, m. 68), Engonga, Marcos, Ibagaza; Eto'o (Carlos, m. 87) y Luque (Vicente, m. 78). Gol: 0-1. M. 52. Centro de Luque que aprovecha Eto'o para anticiparse a los centrales contrarios y batir a Lafuente en su salida. Árbitro: Fernández Marín. Amonestó a Olaizola, Guerrero, Tiko, Felipe y Niño. Unos 35.000 espectadores en San Mamés.
MÁS INFORMACIÓN
Era un partido raro: un aluvión de remates y una profusión de pases perdidos. Extraña pareja de condiciones, que, sin embargo, daban como resultado un partido más interesante que bello, más intenso que estético. El problema es que al Mallorca le costó quince minutos entender que había vuelto a la Liga, que era una competición oficial y que el contrario también juega. En quince minutos de caraja pudo arruinar el partido. Le salvó Leo Franco, del que se argumentará que para eso está, hasta que alguien (el banquillo, el capitán o el propio portero) dio un grito y el Mallorca se puso a jugar al fútbol: en un santiamén le quitó el balón de los pies al Athletic, se juntó en el medio campo tanto como se desenganchó el Athletic y comenzó a tejer un fútbol convincente que, poco a poco, le fue sacando el miedo del cuerpo y trasladando al rival una sensación de inseguridad colectiva.
La razón estuvo casi exclusivamente en la labor del centro del campo. Engonga y Marcos cerraron la salida del Athletic, obligado a dirigir el juego desde las botas de sus centrales, con pocas ideas, pero con una fe inquebrantable en seguir el manual propuesto por Heynckes: ni un pelotazo sin sentido. Lo cumplieron a pies juntillas, pero la asiduidad de los balones perdidos le otorgó al Mallorca el control del juego.
Las noticias del conjunto balear fueron constantes. Unas veces, protagonizadas por la inteligencia de Luque; otras, por la habilidad de Ibagaza; habitualmente, por la profundidad de Eto'o. Y lo que comenzó como un monólogo de Leo Franco acabó como una coral del Mallorca, que halló su gol en una buena conexión entre Luque y Eto'o que el camerunés resolvió con la listeza que acostumbra.
El Athletic se descompuso al viejo estilo de la pasada temporada: ni un pase al compañero y una rotura de líneas que, curiosamente, producía la misma carencia de efectivos en el ataque que en la defensa: siempre faltaba gente. Por dos veces alcanzó Javi González la línea de fondo en busca del pase de la muerte y el compañero más cercano asomó por el segundo palo.
El partido se desbocó hacia la épica, desesperado el Athletic, ilusionado el Mallorca, hasta convertir el juego en un toma y daca de los que aguantan al espectador en la grada. Tanto era así que, noqueado, con poquito fútbol y mucha ambición, el Athletic hasta pudo dar la vuelta al partido en dos acciones individuales de Tiko y Urzaiz. ¿Quien lo impidió? Leo Franco sacó la derecha y desvió el zurdazo de Tiko que buscaba la escuadra. Después resolvió con nervios de acero un mano a mano con el delantero rojiblanco. Aquello acabó como comenzó. Entre medias, el Mallorca se limitó a llevarse el partido.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001