David Millar es un escocés nacido hace 24 años en Malta, criado en Hong Kong y vecino de la ciudad francesa de Biarritz. Cosmopolita como su padre, piloto de aviación, y osado como su madre, que hace tres años acudió a una firma de apuestas británica para jugarse 100 libras (27.000 pesetas) a que su hijo ganaría el Tour antes de un lustro. 'Va a perderlas', anticipó ayer el ciclista del Cofidis, que, eso sí, ya se ha vestido de amarillo en Francia y España.
Pero Millar tiene una pesadilla: su caída en el prólogo del último Tour, en Dunkerque. Ayer, en Salamanca, se le venía a la cabeza 'en cada curva'. Por eso llegó al ecuador del recorrido con desventaja respecto a Santiago Botero. Y también porque había visto la caída de Marcos Serrano. Después se olvidó ya de sus miedos y pensó en sus intenciones: ganar las tres contrarreloj llanas (Salamanca, Torrelavega y Madrid) para ir al Mundial con igual pretensión.
'Soy uno de los mejores contrarrelojistas del mundo y quiero demostrarlo', precisa. Para lograrlo sabe que tendrá que dejar a un lado su afición favorita: escaparse a Toulouse para visitar a sus amigos australianos y salir de juerga. Si lo gana, seguro que sabrá cómo celebrarlo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001