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Bob Dylan demuestra su renacimiento creativo en su nuevo disco, 'Love and thief'

El álbum sale mañana a la venta y es la primera colección de nuevos temas del músico desde 1997

Era uno de los discos más esperados del año y va a satisfacer todas las expectativas. Love and thief, la primera colección de nuevas canciones de Bob Dylan desde 1997, llega a las tiendas españolas mañana; por cuestiones de mercado, se vende aquí un día antes de que aparezca en Estados Unidos. Grabado en Manhattan a lo largo de dos semanas de mayo, a razón de una canción por día, Love and thief muestra a un grupo jubiloso tocando al servicio de un Bob Dylan inspirado y, además, con ganas. Este nuevo trabajo hace el número 43 en la discografía dylaniana.

Sin llegar a autoplagiarse, el cantante recupera fórmulas sonoras que ya probó en su década más productiva y vertiginosa, la de los años sesenta

Love and thief elimina de golpe el mal sabor que dejaron tantos discos torpes o desmotivados. Dylan ha grabado su nuevo trabajo con sus músicos de directo más el teclista Augie Meyers. El propio cantante se ocupó de la producción, bajo su seudónimo de Jack Frost.

Una decisión tomada tras lo que un diplomático describiría como 'intercambios francos de opiniones' con el productor Daniel Lanois durante la grabación de Time out of mind. De aquellas sesiones se recupera la solemne Mississippi, ahora en la forma adusta que su autor prefería.

Love and thief es un recorrido por el espinazo de la música estadounidense; blues, rockabilly, country y combinaciones de las anteriores sazonadas con jazz o bluegrass. El mismo título, Amor y robo, está tomado de un estudio de Eric Lott sobre una curiosa aberración del siglo XIX, cuando cómicos, bailarines y cantantes blancos se tiznaban manos y cara e imitaban las músicas y los arquetipos de la minoría negra. En algunas de las fotos, un Dylan famélico y con un mínimo bigote podría pretender estar caracterizado como, sí, un tahúr del Misisipí. Un tahúr que sabe que conocemos todos sus trucos, pero se acomoda a sus recursos -¡esa voz!- y se dispone a maravillarnos. Lo consigue.Sin llegar a autoplagiarse, Dylan recupera fórmulas sonoras que ya probó en su década más productiva y vertiginosa, la de los años sesenta.

Love and thief contiene canciones que podrían haber encajado en Highway 61 revisited o The basement tapes. Se encuentran afiladas piezas de rock-blues, como Honest with me o Lonesome day blues, entre piezas de añejo sonido que podrían haber recibido el recio y polvoriento tratamiento de The Band: Bye and bye, Moonlight o Po' boy suenan a reconstrucciones rurales de formas de Tin Pan Alley. El violín, el banjo y la mandolina de Larry Campbell añaden allí toques exactos, aunque éste sea un disco esencialmente guitarrero.

El del año 2001 es un Dylan con solera, pero también fresco y juguetón en músicas y letras. En Summer days retoma una famosa ocurrencia de F. Scott Fitzgerald. 'No puedes repetir el pasado', le lanza una mujer al protagonista, una estrella en decadencia. Que salta como una navaja automática: '¿No puedes? ¿Qué quieres decir con que no puedes? ¡Claro que puedes!'. Todo esto sobre un ritmo que, muy apropiadamente, podría haber salido de un disco de Carl Perkins editado por el sello Sun Records en los años cincuenta. No es la única canción que se aproxima a lo que seguramente fue la primera música que Dylan intentó tocar, el rockabilly sureño visto desde las tierras frías del norte de EE UU. Alejado de la pantanosa morbidez de Time out of mind, Love and thief tiene el impulso, el descaro, la riqueza narrativa del mejor Dylan. De nuevo, Dylan el alquimista: el brujo que tiene a su disposición la historia, la mitología, las raíces de EE UU. Y que mezcla todo con humor y mano segura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001