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Figo, clave en la victoria, se confiesa más tranquilo que nunca

Tranquilo como desearía estar Zidane, viajó el portugués Luis Figo a Roma. "Para mí éste no es el año de mayor presión", dijo el lunes, en contra de las declaraciones del francés, que se confiesa estresado, y del capitán, Hierro, que considera que "nunca" había sentido "tanta presión" medioambiental sobre el equipo. Para Figo la situación es distinta. Lejos ya del ojo del remolino que supuso su traspaso, ahora vive días mejores. Capello ya lo advirtió hace una semana: "Figo es el que más me preocupa". Y acertó. A los quince minutos del segundo tiempo abría el marcador con un tiro de falta directa que, según dijo Montella tras el encuentro, sorprendió a todo el Roma: "No nos esperamos que metiera ese gol con tanta facilidad, y fue difícil de superar".

Ya en Barajas se veía que Figo iba con aire de suficiencia. En el autobús, en el avión que llevó al equipo a Roma, el portugués viajó conversando, interesándose por el Roma de Capello -"¿juega con cinco defensas, eh?"- como por un conjunto sin más. Así saltó al campo, pitado como el que más, por los casi 80.000 romanistas encendidos que llenaron las gradas. Comenzó por dejar clavado a Candela un par de veces, aguantó la pelota de espaldas en los primeros empujes romanos, y se metió en la primera línea de fuego. Al comienzo del segundo tiempo metió el primer gol, y luego, sirvió el centro del segundo, que cabeceó Guti.

"Hemos cometido un error grave y lo hemos pagado con creces", dijo Zago. El central brasileño señaló a Pelizzoli, el portero de su equipo, como un responsable imprescindible en el tanto de Figo.

El portero, de tan sólo 20 años, se dejó engañar por el efecto que cobró el balón con el derechazo de la falta, primero a la derecha y luego a la izquierda tras superar la barrera. Se movió y cuando quiso reaccionar ya era tarde. El golpe resultó durísimo para el equipo de Capello, que sólo recuperó al final tras el error de Karanka que originó el penalti.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 2001