Cuando se abrió el portón de chiqueros a fin de dar suelta al primero de la tarde, para sorpresa y regocijo de los presentes, salió al ruedo un gato. Mal presagio. Lo que saltó a renglón seguido no era gato, pero era negro. Mientras el gato, rápido, ágil, alegre y listo se ponía a buen recaudo tendidos arriba, el que era negro y lucía cuernos (sin exagerar) en vez de bigotes se derrumbaba por los suelos.
Fernández / Sánchez, Mora, Abellán
Cuatro toros de Herederos de Atanasio Fernández, justos de presencia e inválidos y sospechosos de pitones. 2º de Hermanos Aguirre, también inválido y sospechoso de pitones. 5º, sobrero, de Lourdes Martín, bien presentado, en sustitución de otro de la misma ganadería devuelto por inválido.
Manolo Sánchez: siete pinchazos, media estocada trasera y dos descabellos (pitos); pinchazo, media estocada trasera caída y descabello (palmas). Eugenio de Mora: cuatro pinchazos en mal sitio, se echa el toro, lo levanta un puntillero, cuatro descabellos y se vuelve a echa el toro (pitos); media estocada trasera (ovación y saludos con protestas). Miguel Abellán: pinchazo bajo, dos pinchazos más y descabello (ovación); bajonazo trasero (silencio).
Se guardó un minuto de silencio por los atentados terroristas en EE UU.
Plaza de Valladolid, 11 de septiembre. 4º corrida de feria. Media entrada.
Ésta es la constante de tantas ferias: la invalidez, la falta de raza y casta de unas reses a las que para su desgracia se las anuncia como bravas, escogidas, enormes o grandiosas. De nada vale que los aficionados pidan a gritos ¡toro, toro! O incluso con pancartas, como la que expusieron ayer los aficionados del tendido 5: "Pucela quiere toros, toros". Al ruedo sale el producto que quieren y crían los taurinos para su fiesta. Reses anovilladas, sin pedigrí, justas de fuerza, bobas y sin presencia, no vaya a ser que les dé por morder a alguien o emocionen a los tendidos en exceso y hieran sensibilidades, dejando, de paso, en ridículo a la figura de turno. Este especimen de burel pasará a la historia como el toro de la globalización. No hay que ser un lince para ver los resultados económicos de la gestión globalizadora de la fiesta de los taurinos. Basta con darse una vuelta por Valladolid. La ciudad acoge en sus calles a miles de personas. En la plaza de toros, media entrada.
En cuanto a la segunda parte, la torería está a la altura de lo que se enfrenta. Hubo en la historia del toreo una edad de oro. Se pasó a la edad de plata. Luego vino la de bronce, pero de lo que no cabe duda es de que nos encontramos en la edad de plástico del toreo.
Manolo Sánchez, perdido en su primero, y eso que es de Valladolid, se pasó la faena entre asearse, perfilarse y quejarse antes de llegar al drama que montó con la espada. En el cuarto, espoleado por sus paisanos, estuvo más entonado. Bien una serie de verónicas rematadas con una media, lo que animó a sus admiradores. Una lidia desastrosa en el segundo tercio hizo que llegara el toro descompuesto a la muleta. Entre quiero y no puedo fue dejando algunos detalles de calidad, no los suficientes como para que sus paisanos, que lo estaban deseando, le aclamasen.
Eugenio de Mora estuvo distante, sin confiarse, sin esforzarse, como pasando. Fino, pero pesado y torpe. Un poco más entonado en el que hizo quinto, dejando detalles al natural, que fue de lo poco que mereció la pena. Garrafal con la espada.
Miguel Abellán, más puesto que sus compañeros de cartel, demostró en su primero que con capote alegre y vistoso y muleta a media altura, sin mandar, con un poquito de gusto, una miaja de templanza y mucha vista para dar gusto a los tendidos se pude llegar alto. Con el que cerró plaza le fallaron los esquemas, y aplicó el adorno y los desplantes.
Sergio Martínez, matador
Sergio Martínez tomó la alternativa (y se hizo matador de toros) en la corrida de la feria de Albacete celebrada ayer, informa Efe.
Tres cuartos de entrada. Toros de Los Bayones. Ponce, ovación; aviso y dos orejas. Manuel Amador, bronca y silencio. Martínez, ovación y dos orejas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 2001