El primer ministro francés, Lionel Jospin, desencadenó ayer la fase máxima del plan antiterrorista Vigipirate, un conjunto de medidas concebidas en la época en que Francia fue objeto de atentados islamistas, por las cuales se refuerza la vigilancia en todos los medios de transportes e instalaciones públicas, así como la identificación de personas y el control de fronteras. Todo ello en medio de apelaciones del presidente Jacques Chirac a mantener "la sangre fría", mientras Jospin aclaró que las precauciones adoptadas no se deben a amenazas concretas. Jospin decretó el plan antiterrorista tras una reunión de crisis mantenida con los ministros de Defensa, Interior, Transportes y Asuntos Exteriores.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 2001