Tengo que contestar inmediatamente al editorial de EL PAÍS del pasado 10 de septiembre El euro, cerca y lejos. En mi casa sí que hemos dado ya los primeros pasos de adaptación a la moneda única; el euro vive en nuestra imaginación y en nuestras expresiones cotidianas. Los niños suelen pedirnos dineuro para ir al cine; nos hemos comprado, previsoramente, nuevos monedeuros y billeteuros para acoger a la nueva moneda; compramos cada día su diario en el quiosqueuro del barrio, y mantenemos buenas y continuas relaciones con los dos sectores que han recibido los primeros euros de verdad: los banqueuros y los tendeuros -léase carniceuros, panadeuros, pescadeuros...-. Pero lo mejor de todo, lo que más me emociona, es que mi mujer me dice -¡por fin!-: 'Luis, te quieuro'. Y eso significa que el euro ha calado en nuestras vidas definitivamente. Lo que preocupa, sin embargo, es que en el mundo de la empresa estén todavía los deberes sin hacer. Habrá que reforzar el mensaje de que quien no se adapte a tiempo corre el peligro de convertirse en un empresaurio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de septiembre de 2001