Hace dos años, unos ejecutivos de una empresa globalizadora, Telefónica, decidieron que para optimizar sus cuentas de resultados y acallar una voz discrepante con el pensamiento único deberían suprimir un programa de radio que, paradójicamente, era líder de audiencia: se llamaba La radio de Julia, dirigido por Julia Otero. La gran idea les salió rana, pues no sólo disminuyó la audiencia de la emisora, Onda Cero, sino que desencadenó una campaña de solidaridad y repulsa, con la consecuente disminución de beneficios que les generó la escasa audiencia. Julia fichó por TV-3, y ahora su programa en la televisión autonómica ha sido líder de audiencia por las tardes, a pesar de grandes hermanos, bazofias rosa y corazones sangrantes, y renueva una temporada más. Sirvan estas líneas para recordar unas maneras y un tipo de radio raros en el actual mapa mediático, que el tiempo que duró nos sirvió a muchos/as para ver y reflexionar más allá de lo que unos, el Gobierno y sus satélites, querían.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2001