Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
REPORTAJE

¿Debe evitarse que La Rambla parezca un bazar?

Preocupación por el deterioro del ambiente y la imagen del paseo más concurrido de Barcelona

Barcelona
La Rambla de Barcelona, la imagen que se llevan los millones de turistas que visitan la ciudad, se está convirtiendo en una sucesión de tiendas de recuerdos, pequeños locales de cambio de moneda y bares de comida rápida. Ese peculiar paisaje urbano y la inseguridad que genera la actividad constante de trileros y carteristas, están deteriorando el ambiente y la imagen del paseo más emblemático de Barcelona. Las quejas son múltiples. Los responsables del distrito de Ciutat Vella reconocen el problema y tratan de ponerle coto, aunque sin demasiado éxito. Sostienen que no se puede vetar este tipo de negocios, pero la mayoría de ellos ni siquiera cumple las ordenanzas municipales.

32 tiendas de recuerdos, 15 locales de cambio de moneda -y de compra de oro, según algunos letreros- y 11 establecimientos de comida rápida, entre otros locales de restauración, se suceden a uno y otro lado de la concurrida Rambla de Barcelona. Desde Canaletas hasta Santa Mónica el paisaje que ofrecen al visitante los laterales del paseo se compone de sombreros de mariachis, camisetas de futbolistas y rancia quincalla que cuelga de las paredes, justo a la altura de la vista del paseante.

En el paseo central, a las 13,45 horas del sábado, cinco grupos de trileros operaban simultáneamente, uno de ellos en inglés, y competían con las estatuas por la atención de los turistas, y entre ellos, al quite del primer descuido, los carteristas. Mientras los responsables municipales aseguran que este verano ha sido más 'tranquilo' y que se ha notado el incremento de las patrullas de policía, los dueños de los negocios tradicionales y los pocos residentes que quedan se quejan del aumento de la inseguridad.

Poco a poco, la imagen del más céntrico de los paseos de Barcelona ha ido cambiando y ahora, no sólo se parece cada vez más a un bazar en fase de degradación, sino que el ambiente está dejando de ser apacible. Y ésa es la imagen que se llevan de la ciudad y del más emblemático de sus espacios los seis millones de turistas que pasan anualmente por Barcelona.

Para el Ayuntamiento de Barcelona, el problema es el incumplimiento de las ordenanzas municipales. Y eso pasa prácticamente en casi todas las actividades económicas que se han establecido en los últimos años en La Rambla. El Ayuntamiento sostiene que no se puede evitar la proliferación de comercios de recuerdos y de chiringuitos de cambio de moneda, precisamente porque es la zona turística por excelencia de la ciudad. Pero lo que sí cabría esperar es que se cumplieran o se hicieran cumplir las normas aprobadas en 1997 para evitar 'la imagen poco adecuada de esas instalaciones', según el preámbulo de la ordenanza municipal sobre los Establecimientos Relacionados con el Turismo en Ciutat Vella.

En primer lugar, las tiendas no tienen, como deberían, puertas de cristal que las separe de la calzada. Los objetos a la venta cuelgan desordenadamente de las fachadas o se amontonan en el suelo, en la acera misma. Muchos de los restaurantes tienen las instalaciones de salidas de humos y aire acondicionado muy deficientes o deterioradas y otros muchos incumplen las ordenanzas sobre retirada de basuras.

Los responsables municipales del distrito reconocen el problema y se muestran preocupados porque el desorden tiende a aumentar: algunos locales de recuerdos y de cambio de moneda comenzaron a vender bebidas, bocadillos y hasta pistolas de fogueo. 'Eso hemos conseguido erradicarlo, pero no estamos consiguiendo que se respete la obligación de colocar puertas y la prohibición de exhibir los productos en la calle', explica la concejal del distrito, Kati Carreras-Moysi.

Se han levantado actas de inspección, se han impuesto multas de entre 25.000 y 100.000 pesetas, se han comunicado todo tipo de apercibimientos administrativos. Nada de ello ha surtido efecto. Muchos de esos establecimientos funcionan como franquicias. En el caso de las tiendas de recuerdos, muchos de los negocios pertenecen a ciudadanos indios y pakistaníes.

Helio Lozano, responsable de los servicios técnicos del distrito de Ciutat Vella, explica que a veces se ha precintado algún local, pero por carecer de licencias o porque el permiso no correspondía con la actividad que se desarrollaba en el interior.

Como todo proceso administrativo es largo y complejo, algunos se van y otros optan por cambiar de actividad. En los últimos meses, por ejemplo, en algunos locales que antes no respetaban las ordenanzas se están abriendo ahora franquicias de bares de tapas que sí las respetan. Y algunos de tiendas de recuerdos han pedido licencia de obras para instalar las puertas. Pero la imagen de gran bazar sigue progresando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2001