A menudo los partidos se vuelven trágicos, a veces por circunstancias tan triviales como una pierna que se lanza por el balón y un fubolista que tropieza sin poder esquivarla. A Giovanella le ha costado más de una tarjeta esa costumbre suya de barrer la pelota a ras de suelo, pero nunca se había visto en una como la de ayer, cuando Manuel Pablo enganchó el tobillo entre la pierna del brasileño y la hierba y dobló la tibia y el peroné por la mitad.
A la lesión de Manuel Pablo le sucedieron momentos de incertidumbre, de esos en que un manto de nervisismo parece cubrir todo el campo. Riazor intuyó que algo realmente desgraciado había ocurrido sólo con mirar los gestos de los futbolistas que se acercaron al jugador canario y los suyos. No sólo los de sus compañeros, también de los del Celta, y especialmente de Giovanella, futbolista contundente pero sensible ante el dolor del lateral deportivista. Se llevaban las manos a la cabeza ante la desoladora imagen de una pierna destrozada y un hueso que parecía querer salir de la media azul.
Giovanella rompió a llorar mientras Manuel Pablo salía en camilla. No fue una operación precisamente rápida, ante las dudas de los camilleros de ambas bandas en esos angustiosos segundos. Asustados por los aspavientos de los que estaban en el campo, Pandiani y Scaloni tuvieron más que palabras con los miembros de la Cruz Roja.
Con la tibia y el peroné destrozados, doblados por la mitad, el lateral blanquiazul fue directamente de Riazor al cercano sanatorio Modelo, donde fue operado. Manuel Pablo será baja para seis meses. Habitual en el equipo titular de Irureta y uno de los fijos en la selección de Camacho, Manuel Pablo abandonó antes de tiempo un partido que también se perdió por lesión, ésta menos importante, el céltico Gustavo López.
El derby estaba llamado a continuar su curso de emoción y buen fútbol. Y de exceso de animosidad en las gradas y en las calles. Como ya es costumbre, el autobús del Celta fue apedreado antes del partido. Dos aficionados célticos fueron agredidos fuera del campo y la policía intervino en la grada donde se ubicaron los alrededor de mil hinchas del equipo vigués. Como si los incidentes no hubiesen sido demasiados, cuando los últimos jugadores dejaban el césped, un objeto dio en la cabeza de un periodista.
Especialmente emocionante fue la imagen final de Giovanella, que abandonó el campo derramando lágrimas y entre los abrazos de ánimo de futbolistas como Mauro Silva o Sergio. Con la voz entrecortada y antes de abandonar el rectángulo, el jugador del Celta apenas pudo pedir perdón y asegurar que el de ayer fue el peor día de su carrera. "Ojalá estuviera yo en su lugar", acertó a decir entre sollozos. Más de una hora después, aún seguía con lágrimas. Giovanella ha sido de los futbolistas que se ha visto más sinceramente afectados por la desgracia. Su relato confirmó lo que todos sospechaban: que la jugada fue fortuita, que se lanzó al suelo y que la mala fortuna hizo el resto. "Fue un balón dividido en el que tropecé con Manuel Pablo, pero no entré con mala intención; lo siento muchísimo, de verdad", repetía el centrocampista una y otra vez.
"Después del golpe, me di la vuelta y me asusté. Fue todo tan rápido... No hubo ni ruido. Cuando me di la vuelta y vi aquella pierna me pasó de todo por la cabeza: su familia, él, el Mundial que tiene por delante. Nunca me había pasado algo parecido", relató. Giovanella aseguró que en cuanto Manuel Pablo se recupere de la operación irá a visitarlo a A Coruña: "Sólo me quedaré tranquilo después de hablar con él".
El futbolista del Celta encontró el reconocimiento de compañeros y rivales, aunque seguramente nadie como Molina entendió al hispano-brasileño. Cuando la temporada pasada no había alcanzado su ecuador, el portero deportivista se lanzó a los pies del delantero ovetense Losada, al que causó una lesión muy similar a la que ayer encogió el corazón de Riazor. A estas alturas, el jugador vigués del Oviedo todavía se recupera de aquella jugada, tan grave como accidental.
Aún en el revuelo que la lesión de Manuel Pablo provocó, las palabras de los doctores que atendieron al futbolista pusieron los primeros plazos al futuro inmediato del defensa internacional. Le colocarán un clavo de sujeción para que el yeso no alcance tobillo y rodilla, y la inactividad sea menor. Así pasará sus próximos cuatro meses. Más tarde, mes y medio o dos meses para recuperar la forma. Total, medio año en dique seco, con el telón de fondo de una cuenta atrás hacia Japón y Corea.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de octubre de 2001