El mal estado de Miguel Gallegos, conocido como el pastor de la manzanilla, el hombre para quien se le piden más de dos años de prisión por haber arrancado 190 gramos de una especie vegetal protegida de Sierra Nevada a la que confundió con manzanilla de infusiones, ha llevado a su familia a abrir una suscripción popular para pagarle un tratamiento psiquiático a raíz de las depresiones que padece por su miedo a ir a la cárcel. Su abogado pide que se le absuelva incluso de una pena simbólica.
Miguel Gallegos, que sufre de una fuerte adicción al alcohol, entró en un estado de fuertes depresiones después de que supiera que un tribunal granadino, de acuerdo a la petición inicial del ministerio fiscal, podía condenarlo a una pena de dos años y tres meses de prisión. Su delito había sido coger del campo, en Sierra Nevada, un matojo de lo que él creía que era manzanilla común y que era, en realidad, artemisa granatensis boiss, una especie catalogada y protegida que se encuentra en peligro de extinción.
Su estado hizo que su familia lo trasladase a Madrid, para internarlo en una clínica con el fin de someterlo a tratamiento. El alto precio de su internamiento, en torno al millón de pesetas, ha hecho que la familia abra una suscripción popular en una cuenta de la Caja General de Ahorros de Granada en Órgiva que tiene como curioso número, simplemente, el de pastor de la manzanilla.
Rebaja sensible
Cuando se conoció el estado de Miguel Gallegos y las circunstancias en las que se había desarrollado su caso, el ministerio fiscal en Granada anunció que, durante el juicio, que se celebrará el próximo día 15, rebajará sensiblemente la pena hasta dejarla en un acto simbólico. El abogado de Gallegos, Miguel Ruiz de Almodóvar, sin embargo, considera que el estado de su cliente es tan delicado que pide que se retire incluso esa pena simbólica.
La defensa sostiene que el pastor desconocía 'que estuviera prohibido coger manzanilla, al igual que también desconocía que estuviera protegida o en peligro de extinción' la planta que él confundió con la de una infusión para sus hijos. Ruiz de Almodóvar se ampara también en que nadie ha informado ni advertido a los habitantes de Sierra Nevada o de la Alpujarra acerca de qué especies vegetales están protegidas y no pueden arrancarse.
Miguel Gallegos, que vive en una casa solitaria en plena montaña, y apenas tiene recursos económicos teme que, si va a la cárcel, su familia se quede totalmente desamparada y sin ningún tipo de fuente de ingresos. El pastor, de 45 años, mantiene su inocencia, y asegura que toda su vida él, como el resto de los vecinos de la zona, se nutrió de plantas silvestres que encontraba en el campo para atajar diversas dolencias.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de octubre de 2001