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Crítica:Literatura popular | Raíces

Quisiera verte y no verte

El flamenco, en tanto que forma de vivir, expresa muy bien los dilemas y las paradojas de la existencia: 'Quisiera verte y no verte, / quisiera hablarte y no hablarte; / quisiera encontrarte a solas / y quisiera no encontrarte', dice una de las más antiguas coplas, mil veces referida y cantada, desde que la recogió Demófilo en 1881. Es éste, por cierto, un año fundamental para la poesía flamenca, pues en él aparece Die cantes flamencos, el estudio de Hugo Schuchardt, todavía necesario y no siempre bien comprendido. También es el año de otra compilación, considerada por su autor, el ecijano Manuel Balmaseda, como Primer cancionero de coplas flamencas. Tanto el de Machado como este último han sido reeditados recientemente y de ellos nos ocuparemos en próximas entregas.

Adelantemos hoy que no parece sino que aquellas paradojas y dualidades irreconciliables de la vida hubieran buscado su primera expresión en la muy distinta naturaleza de esos dos coleccionistas, pues mientras Balmaseda era un simple ferroviario, que murió a los cuarenta y tantos años en la más pura indigencia, el padre de los Machado pertenecía a una clase media alta, heterodoxa y muy culta, lo que no le impidió equivocarse, al tratar de 'oponer lo gitano a lo flamenco y admitir la legitimidad única de lo calé, aun contra el parecer y criterio de los cantaores', en palabras del gran folclorista Arcadio Larrea.

Con todo, la distinción ya había prendido y seguido su curso, hasta cuajar en ese libro de obligada referencia que es Mundo y formas del cante flamenco, de Ricardo Molina y Antonio Mairena (1963). En él, y por lo que concierne a nuestro asunto principal, las letras flamencas, se nos quiere advertir nada menos que de 'distinguir cuidadosamente entre las coplas flamencas, propiamente dichas, y las andaluzas, adaptadas en el siglo pasado a cantes aflamencados, esto es, originariamente no gitanos o de tipo folclórico'. La identificación entre flamenco con gitano, y andaluz con todo lo demás, estaba servida. La polémica, también.

Pero todo en este delicado mundo de la teoría flamenca viene siendo regido por otras muchas dicotomías, las más de ellas irreductibles. Así, cantes primitivos o básicos (tonás, seguiriyas, soleares) y derivados (los demás); cantes grandes y cantes chicos (a discutir hasta el alba); jondo y festero; gitano y gachó; cantes a compás (medidos) y ad libitum, a gusto del cantaó y el guitarrista. Y, desde luego, puro, frente a otras andanzas, como el rock flamenco, el flamenco fusión...

La mayoría de estas distinciones nadie las ha visto, pero forman parte del trabajoso mundo de la flamencología, tal vez a imitación inconsciente de las dualidades incomprensibles de la vida. En materia de letras, también rige el mismo principio dual: letras amorosas y, aluego, las demás todas, a mucha distancia. Y dentro mismo de ese radical descalabro de la condición humana, los infortunios, por un lado: 'El queré quita el sentío, / lo digo por experiencia, / porque a mí me ha susedío'; la plenitud absoluta, por otro: 'Tengo el gusto tan colmao / cuando te tengo a mi vera, / que si me dieras la muerte / creo que no la sintiera'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de octubre de 2001