Cuando se estrene Callas forever, la película que está rodando el director italiano Franco Zefirelli sobre la soprano griega María Callas, los espectadores se fijarán en Fanny Ardant, la actriz que interpreta a la diva, o Jeremy Irons o incluso ese desconocido actor cubano llamado Roberto que antes fue veterinario. Todos los espectadores menos los de Osuna (Sevilla), que a buen seguro rastrearán la pantalla buscando el rostro de sus vecinos y escudriñarán determinadas escenas para localizar los mantones cedidos para engalanar la calle San Pedro, donde se están rodando secuencias de la obra.
De algunas familias participan hasta cuatro integrantes como los hermanos Elena, Matías, Javier e Ignacio de la Puerta, que desfilan como caballistas, aunque no todos con igual entusiasmo. A Elena tuvieron que insistirle para que aceptase: 'A mí me da igual hacer bulto ahí, aunque a la mayoría de la gente le ha tentado la película'. Zefirelli eligió la localidad sevillana para recrear el escenario de una ficticia ópera Carmen que protagoniza su cinematográfica María Callas. Su elección ha revolucionado el pueblo: alrededor de 500 personas participan como figurantes en una especie de pasacalles folclórico que supuestamente reproduce el paseíllo hacia la plaza. El delegado de Cultura, Carlos Querol, calcula que el rodaje dejará unos 50 millones de pesetas en la localidad.
En el revoltijo de tópicos Zefirelli a punto estuvo de incluir un paso con sus costaleros y su imagen, que desechó hace pocas semanas. La mayoría de extras se estrenan ante la cámara como Carlos Lomelino, de 19 años, un estudiante de Empresariales que vivía con nerviosismo la tardanza de la prueba de vestuario por temor a perderse la apertura del curso, pero también hay experimentados figurantes, si en el término se incluyen animales y cosas.
La briska que pasean Juan Robledo y Baldomero Vela, del depósito militar de sementales de Écija, ha participado ya en los rodajes de Montoyas y tarantos y Yo soy ésa. Robledo, cochero del depósito, dice con orgullo que es, junto a otra que se conserva en Madrid, una briska rusa original con la que se paseó la reina Sofía por la Feria de Abril cuando aún era princesa. 'Hacer películas es muy pesado por las horas que echas, la familia tiene más ilusión que uno', dice Robledo, que aguanta casi con el mismo estoicismo que los bueyes Alegrío y Voluntario las largas esperas.
Los animales, propiedad de Joaquín Ibáñez, han sido trasladados desde Camas. Las hermandades de Osuna habían sacrificado los suyos asustados por el mal de las vacas locas sin saber que renunciaban a un trocito de metraje en la historia del cine. Los bueyes de Ibáñez son otra cosa. En su filmografía figuran ya Yerma y La duquesa roja.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de octubre de 2001