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Tribuna:

Si ahora no, ¿cuándo?

El diálogo Carod-Pujol en el debate de política general abrió hace unos días expectativas nuevas a la política catalana. A media legislatura, y tras la consecución de un modelo de financiación presentable, Convergència i Unió tiene la posibilidad razonable de cambiar de pareja de baile antes de llegar a la primeras elecciones sin Pujol. No está todo en sus manos, también está en parte en las de Esquerra, pero está sobre todo en sus manos. Y cuando existe una oferta, si se demuestra sincera y completa, nada es como antes: tiene un precio decir que sí y un precio decir que no. ¿Qué respuesta conviene a Convergència i Unió?

Una de las mejores aportaciones que ha hecho el pujolismo al nacionalismo catalán ha sido la superación de dos de sus complejos tradicionales. El primero, el complejo de pocs i bons: en una tendencia grupuscular parecida a la que sufría la extrema izquierda, el catalanismo había preferido muy a menudo la hipercoherencia de unos pocos a la suma de mayorías, y como en el viejo tópico avanzaba depurándose de escisión en escisión. El segundo complejo es el calderoniano. Paradójicamente, el catalanismo ha sufrido de un cierto gusto por el gesto teatral, solemne, la apelación al honor y la dignidad, sin pensar en el componente práctico. Entre el 'más vale honra sin barcos que barcos sin honra' y 'al Fossar de les Moreres no s'hi enterra cap traïdor' hay, por decirlo así, una cierta unidad de estilo. El catalanismo ha admirado siempre este gesto barroco, dignísimo, teatral, sin pensar necesariamente en el día siguiente. El pujolismo, no. No creo que el 6 de octubre de 1934 -con todos los matices históricos que se quiera- esté en un buen lugar en la mitología pujolista. Supongo que se refería a esto el propio Pujol cuando comentaba a Carod que él nunca ha obrado por estética.

Esta es la tradición del pujolismo. ¿Da alguna indicación sobre cuál puede ser su respuesta a la oferta de Carod? Si desde CiU se considera que una alianza con Esquerra participa del gesto calderoniano, es una opción sentimental, es el producto de un cierto acomplejamiento que busca al mismo tiempo separarse de un PP demonizado y obtener de una Esquerra idealizada el certificado de buen nacionalismo; en definitiva, es una decisión del corazón y no del cerebro, no habrá pacto con Esquerra. Si desde CiU se considera que la oferta de Carod lleva hacia un escenario más práctico, más útil, más favorable, que es una decisión racional y no sentimental, que hay un beneficio que obtener como partido y como país -beneficio tangible en términos no sólo de coalición, sino también de país, puede haber pacto. El mundo del pujolismo es un mundo extremadamente sentimental y su sentimiento va para Esquerra. Pero las decisiones del pujolismo quieren ser siempre pragmáticas, y el pragmatismo impone una cierta duda.

Se ha dicho a veces, en el interior del pujolismo, que el corazón apunta a Esquerra y la razón apunta al PP. La novedad es que ahora, probablemente, la razón puede apuntar también a Esquerra, sobre todo ante unas elecciones sin Pujol. Convergència i Unió no puede entrar en el pospujolismo condenada a una única alianza posible, con el PP, por diversas razones, no sentimientos. La primera, que cuando sólo tienes un comprador para tu producto, es el comprador el que fija el precio. Segundo, porque en el futuro no va a haber aparentemente mayorías absolutas y por tanto conviene que todas las fronteras que atraviesan el arco parlamentario sean permeables. Tercero, porque el mantenimiento de una política de bloques derecha-izquierda significa la eliminación de la política catalana del factor nacionalista y, por tanto, la pérdida de valor del principal activo de Convergència i Unió. El mayor regalo que puede -y probablemente debe- hacerle CiU a Artur Mas es darle tiempo y margen de maniobra. La alianza con el PP da tiempo. La alianza con Esquerra da margen de maniobra. Si además garantiza tiempo, perfecto.

En cualquier caso, es beneficiosa y positiva para CiU, pero también para el país. Pujol ha dicho siempre que el Gobierno de Cataluña debe entenderse con el Gobierno de Madrid, y lo ha cumplido incluso en circunstancias personales y políticas desfavorables. No es éste el momento de dejarlo de cumplir. Pero el problema no está en Madrid, sino en Barcelona. Precisamente el problema de la relación con el PP se plantea cuando en Madrid hay mayoría absoluta y en Barcelona no. La buena relación institucional y política con el PP en Madrid -y con quien mande en Madrid- es imprescindible, pero no va necesariamente ligada a un pacto en Barcelona. ¿Pueden convertirse los Presupuestos Generales del Estado en más desfavorables para Cataluña si hay pacto con Esquerra? No creo que esto le interese a nadie. Ni al PP de Madrid ni mucho menos al PP de Cataluña, que sólo puede crecer a la estela de su papel en el Gobierno central.

Si le da estabilidad, tiempo y capacidad de maniobra, a CiU le conviene el pacto con Esquerra. Sólo con Esquerra: no tendría sentido con el PSC, y el PSC no puede quererlo. Ciertamente, el pacto se tendría que negociar y concretar, y aquí se vería también la vocación de Esquerra. Personalmente, a medio plazo, me parece necesario e incluso inevitable. Se tiene que encontrar el momento. Mes arriba o mes abajo, se puede aplicar al caso el título de una de las mejores obras de Primo Levi: Si ahora no, ¿cuándo?

Vicenç Villatoro es escritor y diputado por CiU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001