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Reportaje:

Una moción heterodoxa

Maragall recrimina a Pujol que ignore el signo progresista de la mayoría electoral catalana

Decir a estas alturas que Pasqual Maragall es un político de modales heterodoxos no es descubrir el Mediterráneo. Pero sí sirve para explicar por qué razón ha protagonizado la rara excepción de la historia del parlamentarismo consistente en anunciar una moción de censura nueve meses antes de presentarla.La explicación es la siguiente: Maragall se ha encontrado a lo largo de la legislatura con que no disponía de ninguna ocasión para explicarse extensamente en el Parlament tal como él entiende que sería necesario para que las propuestas del primer grupo de la oposición puedan ser conocidas y valoradas. Sin limitación de tiempo ni encorsetamientos reglamentarios.

El turno de las preguntas al Presidente en las sesiones de control parlamentario no le permite más que intervenciones de dos minutos. Es un formato en el que su estilo discursivo de oraciones largas, con disgresiones constantes y encadenadas, le ha provocado penosos fracasos. Hay un sólo debate de política general al año, y en éste, quien impone el temario y lleva la iniciativa es el Gobierno, no la oposición.

Al buscar fórmulas para superar estos obstáculos Maragall descubrió que el único formato parlamentario que le permitía hablar sin límite de tiempo y le convertía en referente de todo el debate es el de la moción de censura. Hallada la fórmula ideal, eso no significaba sin embargo que estuviera políticamente justificado recurrir a ella. Pero Maragall pensó que era sólo cuestión de tiempo.

En enero anunció que la presentaría sin consultar ni a la dirección del partido ni a la del grupo parlamentario. Los dirigentes socialistas encajaron la decisión de Maragall como uno de tantos peajes a pagar por tener como líder a un político heterodoxo.

Nueve meses después de aquel anuncio, sin embargo, muchos dirigentes y diputados socialistas se han convencido de que la intuición de Maragall era certera. Ahora creen que hay motivos más que suficientes tanto para censurar a Pujol como para dejar claro ante la opinión pública catalana que en Cataluña hay un líder y un programa alternativo al presidente que lleva 21 años en el cargo. Y creen también que se ha creado una expectativa al fin y al cabo positiva.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué razón es censurable Pujol ahora más que hace nueve meses?. ¿Por qué ahora sí y no en la legislatura anterior, por ejemplo?

El argumento de los socialistas contra Pujol es que, a mitad de legislatura, es ya muy evidente para todos que el líder del nacionalismo catalán está gobernando en contra de la orientación política expresada por la mayoría de electores catalanes en los comicios autonómicos.

De las urnas salieron 57.000 votos más para el bloque progresista formado por PSC-Ciutadans pel Canvi, Esquerra Republicana e Iniciativa-Verds que los recibidos por el bloque CiU-PP. Ignorando conscientemente esa orientación global, Pujol ha entregado la llave de la mayoría al PP. Le ha otorgado un poder de veto.

Eso ha llevado al Gobierno de Pujol a tomar decisiones tan trascendentes como la de aceptar el trasvase del Ebro, por citar uno de los ejemplos más notorios.

La derivación de este argumento es que, pese a denominarse nacionalista, Pujol ha preferido actuar como garante de los intereses conservadores pese a que los electores se pronunciaran en otro sentido, aunque es bien cierto que por un margen estrecho. El sentido general de lo que había en las urnas exigía, según Maragall, que Pujol pactara con el PSC los grandes asuntos. Hacer lo que el propio Pujol comprueba que hacen a escala española los dos grandes partidos, el PP y el PSOE: negociar las cuestiones relativas al modelo de Estado, al desarrollo constitucional.

Maragall ha recibido ya de sus colaboradores infinidad de propuestas programáticas para que elabore su programa alternativo. Pero el gran argumento de Maragall es otro. Lo que censura a Pujol es que, al final de su vida política, el líder de CiU ha acabado haciendo lo mismo que Francesc Cambó, el dirigente de la Lliga: actuar como dirigente conservador cuando el país se ha decantado por el centro-izquierda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001