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Los libros sobre el islam protagonizan una Feria de Francfort dedicada a Grecia

6.500 exhibidores de 105 países presentan sus novedades en un ambiente de inseguridad

Se habló de números, del futuro de la edición, de los medios electrónicos y de los índices de lectura, pero ayer, en la conferencia inaugural de la 53ª Feria Internacional del Libro de Francfort, se habló, sobre todo, de la situación creada tras los atentados de EE UU y del conflicto bélico con Afganistán y, aún más, de las medidas adoptadas para garantizar la seguridad de la feria. El presidente griego (país invitado), Konstantinos Stephanopoulos, compartió los honores con el ministro de Cultura alemán, Julian Nidan Rümlein, ante la ausencia del canciller Gerhard Schröder.

'No vamos a poder permitir ningún acontecimiento después de las siete de la tarde en los pabellones, pues a esa hora la feria deberá quedar rigurosamente cerrada', afirmó el director de la feria, Lorenzo A. Rudolf. 'Además, no habrá taquillas este año'. 'Es para evitar que pongan alguna bomba', explicó llanamente un miembro de la organización. En un comunicado distribuido, el responsable de la feria informó que en una reunión con la policía, con el Departamento de Investigación Criminal, entre otras autoridades, se diseñó un plan de seguridad para la feria. 'Ustedes comprenderán que no podemos explicarles los detalles para asegurar la efectividad de las medidas adoptadas'. Uno de los detalles fue el minucioso registro de todos los periodistas, y sus pertenencias, que asistieron a la conferencia de prensa. Otro, la presencia de espectaculares agentes uniformados. También hubo las primeras quejas: se sabe que algunos profesionales pudieron entrar en las instalaciones de la feria sin acreditación y que al solicitarla apenas se tomó nota de su documentación. 'La seguridad no existe', dijo una agente literaria, 'sólo son pruebas de efecto'. Pero lo cierto es que, como reconoció Rudolf , 'el ambiente de la feria ha cambiado'.

El tema de las ausencias creó bastante polémica. Rudolf aseguró que sólo 54 'representantes', entre ellos 31 estadounidenses y seis británicos, habían cancelado su participación, lo que en un volumen de más de 6.500 exhibidores individuales procedentes de 105 países parece irrelevante. Nadie se lo creyó demasiado y es cierto que en los hoteles se puede constatar la movida de reservas y cancelaciones que ha habido en las últimas semanas. Rudolf dijo que en los días siguientes al 11 de septiembre, tras los ataques terroristas en Estados Unidos, de lo único que se preocuparon es de asegurarse de que 'sus amigos y colegas' estadounidenses estaban bien. Fueron momentos de incertidumbre para la feria, que incluso, según se desprendió de sus palabras, se replanteó esta edición. Fueron las editoriales neoyorquinas, primero, y luego 'las de todo el mundo', las que les convencieron de seguir adelante con el programa previsto. 'No vamos a permitir que nadie nos dicte cuándo y cómo tenemos que hacer nuestros negocios'.

'El ataque no fue sólo contra unos edificios y sus ocupantes, sino contra un sistema entero de valores al que pertenece la Feria de Francfort', señaló Rudolf, que añadió que la mayoría de editoriales decidió estar presente en este encuentro, aunque dejó en libertad a sus trabajadores de viajar o no a la ciudad alemana. Es revelador, en este sentido, el do de pecho de Bertelsmann, cuya división de libros lleva el nombre del más importante grupo editorial anglosajón, el estadounidense Random House. No sólo ha 'convencido' a todos sus directivos de que estén presentes en la feria, sino que ha donado un millón de dólares al cuerpo de bomberos de Nueva York y otro al de policía. Random mantiene su fiesta de mañana y su máximo responsable, Peter Olson, se reúne hoy con los directivos de todos los países. La representación española es muy numerosa.

Jóvenes autores

El tema de conversación parece a primera vista único en la feria: los atentados y sus repercusiones, aunque algunos editores indicaron ayer que empiezan a hablar ya de libros. Se están reuniendo con sus scouts (los profesionales que se encargan de averiguar qué libros tienen o van a tener éxito, especialmente en Estados Unidos y el Reino Unido) y aseguran que puede haber sorpresas, y no únicamente en el terreno del ensayo, sino también en el de la ficción. Al parecer les están llegando bastantes títulos de primeras novelas de jóvenes autores precisamente estadounidenses que tienen, aseguran, muy buena pinta.

Ayer, no obstante, en el terreno editorial, el asunto predominante seguía siendo Osama Bin Laden, el mundo árabe, Afganistán y el terrorismo. Por ejemplo, quien estaba haciendo buenos negocios era Silvia Querini, de Grijalbo. Explicó que ha vendido ya los derechos de El grito silenciado, el libro de Ana Tortajada sobre las mujeres afganas, a Italia, Portugal y Holanda y que hoy espera cerrar el trato con editores alemanes. 'El dinero que se recaude con la venta de este libro tanto en España como en otros países será destinado a la Asociación de Mujeres Afganas'. Destino ha desempolvado la novela Los jinetes, del escritor británico Joseph Kessel, cuyos derechos posee desde los primeros años sesenta y que aborda la campaña británica en Afganistán. 'Tiene una enorme actualidad y es todo un novelón', afirmó el director de la editorial, Joaquim Palau. La van a sacar a toda pastilla.

En cuanto a los nuevos títulos sobre el conflicto, todo el mundo se muestra cauteloso por la inmediatez de lo que está pasando. Habrá un montón de libros oportunistas y de escaso valor, pero también análisis interesantes. De lo que no hay duda es de que los libros del palestino afincado en Estados Unidos Edward Said se están vendiendo como rosquillas.

Nueva York, capital de la edición

La repercusión mundial del 11 de septiembre no afectará al verdadero funcionamiento de la Feria de Francfort, insistió su director, Lorenzo A. Rudolf. El proceso de globalización ha producido nuevos retos y la feria no dejará de afrontarlos. Prueba de ello es el nuevo proyecto titulado Francfort en Nueva York, que ha emprendido la feria de común acuerdo con sus colegas estadounidenses y que se inició antes de los atentados. Con él, la veterana feria europea reconoce un hecho incontestable: el desarrollo impresionante del mercado de compra y venta de derechos que se está produciendo en Estados Unidos. 'Nueva York se ha convertido en la capital mundial de la edición', dijo Rudolf. La feria alemana y los editores y agentes estadounidenses planean un encuentro sobre derechos en Nueva York el 29 y el 30 de abril de 2002. Aunque el acuerdo se ha estado elaborando durante meses, desde bastante antes de los atentados de Nueva York y Washington, el anuncio, ayer, adquirió una especial significación. Es como si la vieja feria alemana reconociera por fin una realidad: los derechos de compra y venta de libros no se realizan únicamente durante unos días de octubre en Francfort, sino durante todo el año y especialmente en Estados Unidos. Nadie duda tampoco de que la Feria de Francfort no está dispuesta a perder comba y que su objetivo es estar en todas las salsas que se cuecen en el mundo editorial. Prueba de ello es Francfort futura mundi, otro proyecto que anunció Rudolf. Tiene fecha también: octubre del próximo año. Será una especie de congreso en el que intelectuales de la literatura, de las ciencias, de la economía y de la política analizarán las claves de la nueva cultura que está surgiendo de la globalización. La feria, concluyó Rudolf, no va a olvidar lo que ha sucedido. 'Pero no vamos a interrumpir ni por un solo momento el diálogo'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001

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