Una representación de miembros de la recién constituida Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) -que simboliza el principio del fin del largo conflicto lingüístico entre el valenciano y el catalán forjado por la derecha más extrema en la transición- revistió ayer de normalidad la tradicional ofrenda de la Senyera al rey Jaume I. La 763º procesión cívica del Día de la Comunidad Valenciana, que en el último sexenio ha sido pasto de trifulcas de grupos radicales, no escapó a ciertas escenas residuales en las que se insultó a los 'académicos traidores' y se lanzaron monedas contra la comitiva.
La procesión cívica de la Senyera por las calles del centro de Valencia, con la que se conmemora el Día de la Comunidad Valenciana, discurrió ayer entre el animado jolgorio de miles de familias y domingueros agraciados con un sol imprevisto tras la alerta oficial del lunes por la noche anunciando riesgo inminente de la llegada de la gota fría, que amenazó con empañara la celebración el día anterior. Cerca de 35.000 personas, según cifras ofrecidas al final del recorrido por el concejal de Seguridad Ciudadana, Jorge Bellver, se congregaron en torno a las principales arterias por las que discurre la procesión que culminó con la tradicional mascletà en la plaza del Ayuntamiento a cargo del pirotécnico Miguel Zamorano.
El acto comenzó al mediodía con la habitual bajada de la real Senyera desde el balcón principal del Ayuntamiento, cuyo portador en este 763 aniversario de la entrada del rey Jaume I en Valencia, fue el concejal de Administración General, del PP, Vicente Igual. La comitiva oficial estuvo encabezada por la alcaldesa, Rita Barberá, y el presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, a quienes acompañaban la delegada del Gobierno, Carmen Mas, la presidenta de las Cortes, Marcela Miró, y diputados y senadores tanto autonómicos como del Parlamento nacional, junto a representantes civiles, militares y religiosos de la Comunidad Valenciana. La presencia -por primera vez de la institución de la AVL en la comitiva-y la exclusión de ésta del presidente de la formación extraparlamentaria de Unión Valenciana, José María Chiquillo, pese a que sí estuvo invitado el presidente del Bloc Nacionalista, Pere Mayor, provocaron ciertas escenas propias del pasado.
Desde el primer momento, decenas de integrantes del Grup d'Acció Valencianista increparon a la representación oficial que portaba la real Senyera y arrojaron monedas en varias ocasiones, adornados de pancartas con la fotografía de los presidentes autonómicos de la Comunidad Valenciana y de Cataluña, Eduardo Zaplana y Jordi Pujol, en los que se leía Zaplana catalanista y AVL: Mentira dels académics.
El nivel de la protesta provocó que hasta un centenar de agentes de la Policía Nacional tuvieran que proteger durante el resto del recorrido a los miembros de la comitiva, y separar, además, a unos 300 metros de distancia de la procesión al centenar de participantes vinculados a agrupaciones derechistas y antivalencianistas. La protección fue tildada paradójicamente por el presidente de Unió Valenciana, José María Chiquillo, en declaraciones a Efe, como 'una provocación' y 'una discriminación evidentes'. Chiquillo respondía así a la decisión oficial de 'no permitir que UV desfilara junto a la comitiva con 'la bandera oficial' que, según el dirigente valencianista, es la propia de la Comunidad y la que cubrió el féretro de Vicente Blasco Ibáñez.
Zaplana restó importancia a estos incidentes, que calificó de 'menores que otros años' y que, puntualizó, 'están protagonizados por un grupo minoritario que se mantiene en posiciones absolutamente equivocadas. Es un número muy reducido que va cambiando de esquina y que quiere hacerse oír, pero que no representan a la mayoría de la sociedad'.
Para Zaplana, 'la reconciliación de todos en torno a la Acadèmia es un gran logro. Estas personas hacen ruido pero no nos pueden engañar sobre lo que representan', ya que cada año 'va reduciéndose su número'. Ante esta situación, Barberá quiso recordar 'el carácter abierto y solidario de la tierra valenciana que durante siglos ha sido cruce de civilizaciones y que ahora debe seguir siendo un símbolo de tolerancia, respeto, paz, libertad, derechos humanos y solidaridad'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001