Quizá con la parte más occidental de Turquía y tal vez algunos distritos de grandes ciudades como Casablanca o El Cairo, Túnez forma parte del territorio más liberal del mundo islámico, aunque no precisamente el más democrático. Así lo entiende el ex presidente de la Liga de los Derechos Humanos tunecina y dirigente del grupo de oposición política Perspectivas Mohamed Charfi, de 65 años, que participó la semana pasada en Madrid en el I Encuentro Euro-magrebí, celebrado en el Círculo de Bellas Artes.
Tras su experiencia como ministro de Educación de su país entre 1989 y 1994, sostiene ahora que las medidas policiales sólo sirven para contener el islamismo en el presente. 'Pero para combatir el integrismo en el futuro', advierte, 'es necesaria una reforma de la educación en el mundo islámico'.
'Europa debe entender que el islamismo radical contiene un germen de terrorismo'
El desarrollo económico, con más de 6.500 dólares (1.170.000 pesetas) de renta per cápita anual, puede haber vacunado también contra los excesos de la religión a los tunecinos, un 80% de los cuales tiene su vivienda en propiedad. 'La economía tunecina va bien; ya se ha creado una clase media como factor de estabilidad considerable en el país. Y la mujer tunecina es una de las más libres del mundo musulmán, tanto en las leyes como en la realidad', explica Charfi, 'pero, desgraciadamente, en el plano político seguimos con un sistema de partido único, mejor dicho de partido dominante, hegemónico. No hay vida política en Túnez. Toda la prensa está a las órdenes del poder. Necesitamos más espacios de libertad...'.
Frente a quienes consideran que la amenaza integrista obligó a arrinconar las libertades en Túnez, el ex miembro del Gobierno replica: 'Eso fue tal vez válido hasta 1993; después se debería haber liberalizado el sistema. Creo que la amenaza integrista ha desaparecido en Túnez'.
Como ex ministro de Educación, Cherfi insiste en que es necesaria una reforma del sistema educativo para conjugar el islam con la democracia, la libertad y los derechos humanos, en especial la igualdad entre sexos. 'El actual sistema educativo tunecino está basado en la modernidad y está abierto al mundo, hacia las culturas extranjeras. Ésa es la verdadera vacuna contra el integrismo, que nace de la ignorancia de lo que ocurre fuera, más allá del islam. Esto es lo que ha servido para vencer al integrismo en Túnez, y no la actuación de la policía'.
Cherfi, que en la actualidad es profesor en la Facultad de Derecho de Túnez, sostiene que un Estado puede ser musulmán y democrático al mismo tiempo. 'En Turquía, con un Estado laico, los jóvenes musulmanes se sienten un poco esquizofrénicos al estudiar la ciencia, la cultura, etcétera, en la escuela pública, y el islam clásico en colegios privados, donde se enseñan cosas contrarias a los derechos humanos, como que el hombre puede tener cuatro mujeres y repudiarlas cuando lo desee'.
La receta educativa tunecina, según Cherfi, pasa por la modernidad: 'Nosotros enseñamos las teorías de los teólogos modernos del islam. Hay centenares de autores que hacen esfuerzos para que evolucione el pensamiento islámico, para que pueda sintonizar con el siglo XXI. El pensamiento cristiano también evolucionó desde la Inquisición y las Cruzadas hasta el Vaticano II. La diferencia entre Túnez y el resto del mundo islámico, incluida Turquía, es que la enseñanza de la religión no se basa en un pensamiento musulmán clásico, de hace mil años'.
El ex ministro y opositor tunecino lamenta que los países occidentales ignoren esa 'revolución tranquila' en la educación en su país. Pero también reconoce que los observadores extranjeros no aprecian la realidad política de Túnez, donde sólo ven un Estado policial en el que los derechos humanos no son respetados. Pero confía en una transición democrática en su país y no descarta siquiera que los islamistas participen en el futuro en la vida política tunecina. 'No tengo nada en contra. Podemos con ello. En 1989, en las primeras y únicas elecciones libres celebradas en Túnez, los islamistas obtuvieron un 15% de los votos. Pero desde entonces la reforma del sistema educativo ha hecho su efectos, y la gente está ya espantada de las matanzas del GIA argelino. Creo que [la participación de los islamistas moderados en la política] ya no sería un peligro para la democracia'.
Pero también insiste Cherfi en que el desarrollo económico es condición necesaria, pero no suficiente, para frenar el auge del integrismo islámico. 'Bin Laden procede de una rica familia saudí. Los terroristas de EE UU, los pilotos, eran ingenieros. No fue la pobreza, sino la ideología, la cultura, lo que les llevó a hacer lo que hicieron'.
'¿Qué puede cambiar después del 11 de septiembre? Por ejemplo, los tunecinos también sufren cuando ven la situación de los palestinos, con la política de EE UU hacia Israel. Pero tengo la esperanza de que los norteamericanos van a cambiar. Hasta ahora Washington no ha sabido cómo tratar a los más de mil millones de musulmanes que hay en el mundo. Es una política que hay que cambiar. EE UU ya prometió tras la guerra del Golfo que el problema palestino iba a resolverse. Espero que esta vez las promesas se cumplan'.
La otra recomendación va dirigida a Europa, a países como el Reino Unido que, bajo su tradición de libertades y tolerancia, han acogido a exiliados integristas islámicos. 'Londres es un refugio de terroristas, donde se recogen fondos y se organizan atentados', asegura Cherfi, 'Europa debe comprender que el islamismo radical contiene un germen de terrorismo'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001