Por regla general, tendemos a ver a los concejales como tipos sedentarios y poco aficionados a la práctica del deporte que procuran ir a todas partes en coche oficial, con chófer, para que los asuntos de la conducción no perturben su concentración mental en los temas más perentorios relacionados con su noble y sacrificado oficio.
Anticuado estereotipo contra el que se rebela con todas sus fuerzas el concejal madrileño de Urbanismo, Ignacio del Río, un hombre hiperactivo, aunque no precisamente en horas de trabajo, y un deportista nato que el año pasado participó en el rally París-Dakar, aprovechando sus ratos libres y a título particular, como señalaron oportunamente fuentes del gobierno municipal que, desgraciadamente, no aclararon cómo le fue en tan ardua competición, si hizo el trayecto en coche, en moto o en camión, como piloto o como copiloto, si terminó la prueba o si tuvo que abandonar por accidente o avería.
Para un concejal de Urbanismo, conducir por el desierto, lejos de cualquier tipo de urbanización, puede ser una forma de terapia, un cambio radical de paisaje y de escenario. Tras unos días de solitaria aventura por los vastos espacios africanos, el concejal debe volver a su despacho con las pilas puestas, deseoso de recalificar, urbanizar y construir bloques y más bloques, torres altivas y edificios singulares para compensar el horror vacui de las desérticas planicies.
No resulta extraño que, conocedor de sus aficiones deportivas, Álvarez del Manzano haya delegado en su segundo teniente de alcalde ciertas atribuciones referentes a la candidatura olímpica de la capital en el año 2012. Por lo visto, en la concejalía de Urbanismo no deben de andar muy agobiados de trabajo y a su responsable le sobra tiempo para echar una mano en un área aparentemente muy alejada de su ámbito de actuación.
Con tal labor añadida, es posible que Del Río se quede este año sin su rally africano, pero no importa, porque el concejal no es hombre de un solo deporte y si se le niega la conducción deportiva no se va a quedar cruzado de brazos y sin dar un palo al agua. Una bolsa de palos de golf, unas cuantas pelotitas y mucho campo sin urbanizar por delante le servirán para relajarse, conservar la forma y entregarse de lleno a planear el presunto futuro olímpico de la capital en el flamante Consorcio de Infraestructuras Olímpicas, creado conjuntamente por el Ayuntamiento y el Gobierno regional en febrero pasado.
El Consorcio aún no ha empezado a funcionar, pero el concejal sí; llevado por su amor al deporte de los 18 hoyos, el concejal de Urbanismo ha destinado 232 millones de pesetas de su concejalía a la organización de un torneo internacional de golf en el Club de Campo de Madrid.
Las protestas de Izquierda Unida no han tardado en hacerse oír; los izquierdistas del Ayuntamiento que no saben lo que es un green, ni un putt, ni un birdie han puesto el grito en el cielo, aduciendo entre otras cosas que el golf no es ni será nunca una disciplina olímpica, sino un deporte elitista y altamente profesionalizado, y recordando el desinterés de los munícipes madrileños por otros deportes que sí lo son. La afrenta -dicen- es especialmente grave con respecto al deporte femenino, al que se le niegan sistemáticamente las ayudas necesarias. Los de IU recuerdan también que tras el incendio del Palacio de Deportes, el Estudiantes, uno de los clubes de baloncesto más emblemáticos, internacionales y queridos de la capital, se ve obligado a jugar en una plaza de toros.
Cortos de miras, los protestantes no han caído en la cuenta de que, aunque no sea olímpico, el golf es sin duda el deporte favorito de los distinguidos miembros del COI, que, al fin y al cabo, serán los que decidan sobre la candidatura madrileña. Por ahí deben de ir los tiros, o los drives. Es una cuestión de alta política, y la alta política, como se sabe, resulta carísima y necesita concejales de élite dispuestos a sacrificarse y a trabajar como caddies si hiciera falta cargando con los palitos y las bolitas de los consejeros olímpicos para llevárselos al hoyo. Para que la clase de tropa haga deporte ya están el Día de la Bicicleta y los maratones populares.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001