La Guardia Civil investiga fallos de seguridad en el cuartel de La Salve de Bilbao tras el asesinato del agente Angel Manuel Villa Villa, de 36 años, en la vivienda que ocupaba en uno de los bloques del recinto. El servicio de asuntos internos del instituto armado, que lleva la investigación, no descarta que el autor o autores del crimen pertenezcan al acuartelamiento. Sin embargo, las pesquisas han puesto de manifiesto que el control del acceso a los pabellones se puede sortear sin demasiadas dificultades, pese a que La Salve es un objetivo permanente de ETA. Fuentes de la Dirección de la Guardia Civil han expresado su preocupación por este extremo, así como por el hecho de que pasara desapercibido el disparo que causó la muerte del guardia. En el acuartelamiento de La Salve residen unas trescientas personas, entre agentes y sus familias.
La muerte de Villa, natural de Pola de Siero (Asturias), es calificada de 'extraña y desconcertante' en círculos de la investigación, dada las similitudes de este crimen con el asesinato de Leonardo Rául Graña López, un ex guardia civil amigo del anterior, que también murió de un disparo en la cabeza, a mediados de septiembre, en su domicilio de Mungia (Vizcaya). Sin embargo, mientras en este caso, que investiga la Ertzaintza, se relaciona a la víctima con el narcotráfico y el contrabando, nada hace sospechar que el cabo Villa Villa estuviera implicado en asuntos turbios. De hecho, las primeras pesquisas no hallan conexión de la última muerte con el tráfico de drogas. 'Todo es muy extraño y sorprendente', señalan fuentes de la investigación.
Manuel Villa recibió un único disparo en la cabeza, con orificio de entrada y salida, que le causó fuertes destrozos, lo que, según el informe preliminar de la autopsia, desmiente las informaciones que indicaron que el asesino extrajo las balas. El disparo se realizó con un arma corta, que pudo ser del calibre 22, cuya munición hace poco ruido. No se han encontrado balas ni casquillos. Aunque se informó que el suceso se descubrió el 26 de septiembre, el asesinato pudo ocurrir hasta dos semanas antes y se intentó ocultar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001