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OPINIÓN DEL LECTOR

Biología es destino

Durante siglos se defendió la tesis de que, en el caso de las mujeres, la biología era destino. La forma de ser de las mujeres, su forma de comportarse, su volubilidad, su sensibilidad, su falta de razonamiento... sólo podían achacarse a que eran pura naturaleza, seres inmutables desde su nacimiento hasta su muerte. Los hombres, en cambio, eran producto de la cultura. Además, todas las disciplinas científicas que se han desarrollado a lo largo de la historia no han hecho sino reforzar esa tesis.

Aunque algunos teóricos de la Ilustración ya la habían puesto en cuestión, existe un libro básico para entender la trampa en la que las mujeres han estado inmersas durante siglos, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. En su extenso y bien documentado ensayo, la autora llega a la conclusión de que la mujer no nace, llega a serlo, y se le enseña a ser de determinada manera a través de la educación y la cultura, pero también porque la literatura, la sociología, la psicología, la historia, los mitos y los ritos refuerzan ese rol. Posteriormente, sobre todo durante las dos últimas décadas, el movimiento feminista ha demostrado ampliamente que las tesis de Simone de Beauvoir son aplicables a todos los ámbitos de la vida, ya sean públicos o privados.

Claro que, habiendo visto lo que ocurrió el pasado día 11 de septiembre en Nueva York y Washington, y viendo lo que ha preparado el señor Bush ('venganza sin límites' la llamaría yo, no 'justicia infinita' ni 'libertad duradera') una cree que quizás el movimiento feminista debería revisar sus tesis, y llegar a la conclusión de que en el caso de los hombres biología es destino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001