'Ante la aparente nivelación cultural que vive el mundo, los antagonistas de la cultura global se reinventan las culturas étnicas anteriores a la sociedad de masas. Y todo ello conduce a la llamada política de identidad o los nacionalismos', asegura el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi. Este catedrático de filología española hizo ayer un recorrido por el pensamiento filosófico que ha buscado la definición de los cambios culturales en las distintas sociedades.
El escritor inauguró con su conferencia las jornadas La Educación que queremos, que organiza cada año la Fundación Santillana. Juaristi viajó desde el siglo XIX hasta la actualidad explicando las relaciones entre el arte y el pueblo, entre la cultura y las gentes. Desde tiempos en los que el arte estaba en manos de unos pocos, tanto en su creación como en su consumo, propio de una sociedad decimonónica eminentemente analfabeta, llegó Juaristi hasta la actualidad para criticar la corriente multiculturalista que 'no se enfrenta al Estado global sino a una constelación de naciones-estado sin otro proyecto que el poder'.
Juaristi defendió una enseñanza que rescate los valores nacionales recogidos tanto de la cultura letrada como del pueblo 'porque también las culturas nacionales pueden ser universales, desde Gardel a El Padrino', puso por ejemplo. Bastará admitir como sustento una lengua y una cultura común sin excluir otras lenguas, otras religiones o costumbres. Buscando esos puntos en común se tiende hacia la democracia, 'porque los estados multinacionales, apoyados en grupos étnicos que buscan el poder, generan dictaduras', explicó.
Entre los asistentes a la conferencia se encontraban el presidente del Grupo PRISA, Jesús de Polanco; el presidente del Grupo Santillana, Emiliano Martínez; el presidente del Consejo Escolar del Estado, Alfredo Mayorga, y el presidente de Educación y Gestión, Néstor Ferrera.
Globalización y dictaduras, tolerancia y terrorismo estuvieron presentes en la conferencia de Juaristi: 'Lo que ataca al terrorismo no es el Estado global, que no existe, sino naciones concretas, por ejemplo, Estados Unidos, y el enemigo del terrorismo no es ese Estado global sino la democracia misma, laica por definición', zanjó el ensayista.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2001