Según el Real Decreto 192/1985 del 4 de marzo, está prohibido fumar en lugares públicos. En diversos aeropuertos menores españoles esta prohibición se encuentra debidamente señalizada tanto en las terminales como en la zona de embarque, y los ceniceros brillan por su ausencia. En Barajas, en Madrid, han retirado todas las papeleras y sus correspondientes ceniceros por seguridad, para evitar que puedan depositarse materias peligrosas en su interior.
El aeropuerto de El Prat es caso aparte. Nula señalización en las terminales, ceniceros por doquier y, en el colmo de la aberración, máquinas expendedoras de tabaco y hasta un estanco. ¿Cómo se entiende que vendan cigarrillos en un sitio dónde está expresamente prohibido su consumo? Se ve que a los responsables de AENA en Barcelona les interesan más los beneficios obtenidos por el alquiler de espacios comerciales que velar por los derechos de los usuarios no fumadores.
Les sugiero que si andan faltos de ingresos se dediquen a sancionar económicamente a los pasajeros y empleados del propio aeropuerto que, dando un pésimo ejemplo, se saltan a la torera la normativa vigente. Con las ganancias recaudadas podrían crear una zona específica de fumadores y todos contentos. Nuestros pulmones se lo agradecerían.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001