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Reportaje:

Recuerdos de hace 100 años

Los vecinos de la Colònia Güell retroceden a 1900 en una fiesta modernista que pretende dar a conocer el antiguo recinto industrial

Si en un día cualquiera la silenciosa Colònia Güell ya parece como suspendida en el tiempo, ayer lo pareció aún más. Vestidos de época -con alpargatas, faldas y vestidos largos, enaguas, delantales, fajas, gorras, puñetas, guardapolvos...-, más de un centenar de sus vecinos revivieron los tiempos de sus antepasados, de cuando la fábrica de tejidos de Eusebi Güell i Bacigalupi funcionaba a pleno rendimiento.

Retrocediendo a principios del siglo XX, los organizadores de esta primera fiesta modernista quieren que el antiguo recinto industrial deje de asociarse solamente con la famosa Cripta de Antoni Gaudí: 'Queríamos contar la historia de nuestros abuelos y de nuestros padres', resume Pere Noya, de la asociación La Colònia Modernista. Y añade: 'Queríamos estar presentes también en el Año Gaudí', que se celebrará en 2002.

Un visitante se atreve a dar un consejo inquietante a Antoni Gaudí: 'No se acerque a los tranvías'

La fiesta, que se repetirá hoy a partir del mediodía y que pretende convertirse en una convocatoria anual, consiste en un recorrido por las calles del pueblo, que pertenece al municipio de Santa Coloma de Cervelló (Baix Llobregat). Un Güell rubicundo y con aires de gran señor (interpretado por el historiador Josep Padró), una Isabel López también muy metida en el papel (Empar Ortiz) y un Gaudí cerúleo y circunspecto (Gabriel Boloix) dirigen la comitiva desde la entrada de la fábrica -donde en esa época trabajaban unas 1.000 personas- hasta la plaza de Joan Güell.

La excusa de la supuesta visita es anunciar al pueblo la futura construcción de una nueva iglesia que sustituya a la antigua Capella dels Dolors de la masía del fundador del recinto industrial. Será la que, inacabada, se conocerá con el tiempo como la Cripta Gaudí de la colonia y que ahora, por cierto, se encuentra en proceso de rehabilitación. En un parlamento, la reencarnación de Eusebi Güell presenta al arquitecto al pueblo como un hombre 'adusto y de pocas palabras, vegetariano y que come poco'. Gaudí, que se presenta en zapatillas a la visita con su mecenas, explica a los vecinos que su iglesia estará inspirada directamente en la Biblia.

Acompañados por las fuerzas vivas del recinto -el cura, el director de la fábrica y un grupo de monjas-, Güell y Gaudí son agasajados en todo momento por los vecinos, que también han montado para la ocasión un mercadillo de frutas y verduras, una feria de artesanía, bailes y cantos corales. En uno de los puestos, dos chicas se pelean con los inexactos pesos de una vieja balanza. En otro, una mujer se fuma un anacrónico rubio. Cámaras de televisión, curiosos y vecinos jalonan la visita y acaban por agobiar a un grupo de niños: 'Esto es un rollo, macho...'. Algunos adolescentes con pinta de pasar de todo, ponen cara de estar pensando si disfrazarse el año que viene... Todos elogian la caracterización de los participantes. Un visitante se atreve a dar un consejo inquietante al arquitecto: 'No se acerque a los tranvías'. A lo que Gaudí, visiblemente sorprendido, responde: 'Haré lo que pueda'.

Pero durante la visita del amo Don Eusebi, que camina con aire magnánimo y satisfecho concediendo un puesto de trabajo a todo aquel que simula pedírselo, no todo son parabienes. La ascendencia trabajadora de la fiesta se hace notar cuando a más de uno se le escapan comentarios en sorna cuando Don Eusebi clama: '¡Todos seréis bienvenidos en mi casa! ¡Todos, menos los que vengan en nombre de los sindicatos!', o cuando, en un inflamado discurso, repite: 'No os dejáis seducir por los cantos de sirena de los sindicatos, y esto me satisface'.

Pere Noya, de 65 años, explica que el pueblo 'no era totalmente dócil', pero reconoce que para sus antepasados 'vivir en la Colònia era un privilegio': 'Tenían la casa y la luz gratis. Aunque tenían unos sueldos bajos, vivían en buenas condiciones', entre las que se incluía, explica, la educación de todos los niños en la escuela del recinto.

Hasta la tarde de hoy, el Centre Municipal Sant Lluís de la colonia, un edificio de 1915 construido por el colaborador de Gaudí Francesc Berenguer, alberga una exposición en la que se reproduce el proceso que seguía el algodón que llegaba a la fábrica hasta que salía convertido ya en tejido. Fotografías de época en las que pueden verse las facciones endurecidas de obreros y obreras, y la exposición de antiguas hiladoras y telares completan un recorrido que lleva como banda sonora el ruido que debía producir sin cesar la vieja maquinaria.

La organización de la fiesta, en la que se han implicado todas las entidades de la colonia, ha costado un año y medio de trabajo, en el que se han repartido las tareas en varias comisiones: gestión económica, vestuario, arte, publicidad y mercadotecnia, artesanía, participación y coordinación. Todo ello para preservar la memoria y empezar a trabajar con el fin de conseguir fondos para mantener en buenas condiciones algunos edificios emblemáticos de la colonia, como la escuela, Ca l'Ordal, Ca l'Espinal -la residencia del director de la fábrica- y el Centre Municipal Sant Lluís.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001