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Entrevista:CARLOS PÉREZ | CONSERVADOR DEL MUSEO REINA SOFÍA | Convers@ciones en la red

'Un museo no puede ser ni un ropavejero ni una pasarela de moda'

P. ¿Qué tipo de composición elegiría para ilustrar la política cultural de Consuelo Císcar? R. Un retrato de familia con allegados.

Carlos Pérez (Valencia, 1947) fue pedagogo antes que curator de exposiciones. Ha sido una de los personajes claves en la consolidación del IVAM. Hoy es conservador del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Es, junto a François Lévèque, el comisario de una exposición dedicada al cartel moderno francés, que el miércoles se inaugura en el museo madrileño con el título de El espectáculo está en la calle.

Pregunta. ¿En esta exposición se confunde el arte y la vida?

Respuesta. Es intentar meter el arte en la vida

P. ¿Cómo?

R. La exposición está dedicada a Cassandre, Colin, Carlu y Loupot, grandes cartelistas del Paris de los años veinte y treinta. Estuvieron imbuidos de la estética moderna, sobre todo a partir del cubismo y algunas de sus obras son míticas, por ejemplo el cartel de la Revue Nègre que dio a conocer a Josephine Baker, o el cartel de Cassandre dedicado al trasatlántico Normandie.

P. ¿El diseño gráfico profesional nace en torno a este grupo?

R. Sí, fue gente que no se quiso dedicar ni a la pintura ni a la escultura y optaron por el cartelismo para llevar el arte moderno a la gente normal de la calle. En cierto modo crean también el concepto de publicidad moderna, haciendo campañas e insertando los carteles de una forma diferente. Aunque Toulouse Lautrec es quien da consistencia al cartel como forma artística, ellos continúan esa tradición trasladando el espectáculo, las formas nuevas, a la calle. Además las cosas que anunciaban eran símbolos de la modernidad que se había alcanzado: electrodomésticos, nuevas ropas, viajes en tren.

P. ¿Cuándo y por qué se produce la ruptura entre diseño gráfico y vanguardia?

R. A partir de los años cuarenta, cuando el diseñador se pone absolutamente al servicio del comercio, que además es un momento que coincide con la crisis de las vanguardias de después de la II Guerra Mundial.

P. Josep Renau decía que el cartel es un grito en la calle.

R. Tenía razón, aunque puede ser una sinfonía. También se dijo del arte abstracto gestual que era un grito y muchos acabaron como un gorgorito de ópera y de alguna forma al cartel le ha pasado lo mismo.

P. Vaya lío que se ha armado con el logo diseñado por Pepe Gimeno para la presidencia española de la Unión Europea.

R. Los grafistas y los toreros tienen buenas y malas tardes. No es que piense que este diseño sea fruto de una mala tarde, pero es algo distinto de lo habitual en Pepe Gimeno, que es uno de los grandes diseñadores valencianos.

P. En La novia de Matisse, Manuel Vicent sostiene que el arte cura las enfermedades, ¿su carácter hiponcondríaco es por voracidad artística?

R. Soy un apasionado de la pintura, pero como remedio prefiero la música a las imágenes.

P. ¿Qué obra le gustaría robar?

R. Algo muy modesto, un cuento ruso ilustrado por Vladimir Lebedev. Es una obsesión por las artes gráficas que me inculcó mi padre. Hay obras impactantes que se han alejado mucho del gran comercio del arte y luego resulta que son muy significativas y te permiten descubrir mucho sobre una época, porque el arte sucede en un momento determinado.

P. Se suspende la feria de Basilea en Miami por la crisis bélica y sin embargo en la primera subasta que celebra Christie's Nueva York después del 11 de septiembre, Miró, Picasso y Léger baten records.

R. La situación es muy compleja y hay unas contradicciones brutales. Ahora resulta que hasta Mick Jagger es un gran patriota. Pese a todo la gente compra, porque el arte es un valor seguro.

P. El anterior director artístico del IVAM Vicente Todolí dirige la fundación Serralves. De aquel núcleo que consolidó el IVAM, usted, Encarna Jiménez y Enrique Juncosa están en el Reina Sofía; en la Fundación Tapies está Nuria Anguita y en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, Joan Llinares. ¿Se han exiliado, triunfan fuera?

R. La palabra triunfo me horroriza. Las circunstancias nos han llevado a algunos a continuar nuestro trabajo en otros sitios.

P. Si tuviera que encargar una obra para ilustrar la política cultural de Consuelo Císcar qué tipo de composición elegiría ¿un bodegón, con melones y calabazas, una obra surrealista o una caricatura?

R. No sea malo. Yo más bien me inclinaría por un retrato de familia, un retrato de familia con allegados.

P. ¿Cuál es el secreto para que un museo no acabe siendo un cementerio artístico?

R. Un museo no puede ser ni un ropavejero ni una constante pasarela de moda. Habría que conciliar la tradición del Museo Británico con la modernidad radical de la Kunsthalle de Frankfurt.

P. ¿Quién le iba a decir, a un rojo como usted, que acabaría de conservador?

R. Siempre he sido un rojo muy conservador. Aunque la verdad, como decía Max Aub, muchos, más que rojos, eran rosadillos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001