Dos ocasiones de gol. Sólo dos jugadas de gol en otras tantas jugadas de mérito. Ése fue el escasísimo bagaje para el espectáculo del mal partido que ofrecieron ayer el Sevilla y el Betis en el retorno del derby sevillano a la Primera División. Los futbolistas de ambos equipos, maniatados por la tensión, la presión y los nervios, no aportaron nada más que destrucción del juego, defensas a ultranza y un grueso balance de faltas cometidas.
El partido nació eléctrico, como le gustan al Sevilla y como era de esperar de un lance que tiene tal carga de pasión. Los futbolistas salieron al campo más preocupados de correr, de esforzarse, de vigilar al rival y de buscar la lucha que de divertirse y divertir a los aficionados. Éstos, por su parte, añadieron al encuentro una dosis extra de ansia con sus cánticos y su presión.
SEVILLA 0| BETIS 0
Sevilla: Notario; Njegus, Javi Navarro, Pablo Alfaro, David; Luis Gil (Reyes, m. 65), Podestá, Casquero (Reyes, m. 82), Fredi; Olivera y Moisés (Toedtli, m. 86). Betis: Prats; Juanito, Belenguer, Rivas, Mingo (César, m. 46); Joaquín (Merino, m. 83), Ito, Cañas, Luis Fernández; Capi y João Tomás (Amato, m. 57). Árbitro: Fernández Marín. Mostró la cartulina amarilla de amonestación a Mingo, Amato e Ito, del Betis, y a Casquero, David, Javi Navarro y Fredi, del Sevilla. Unos 35.000 espectadores en el estadio Sánchez Pizjuán.
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En el primer cuarto de hora el barullo reinó en el centro del campo y maniató el balón, que escasamente se acercó por las áreas. Sólo un disparo lejano de falta de Luis Fernández y un centro al área de Njegus hicieron desperezarse a sus respectivos porteros rivales. El Betis respondió bien a las exigencias anímicas del compromiso y no acusó el mal ambiente instalado en el vestuario en los últimos días.
Los jugadores parecieron serenarse a partir del ecuador de la primera parte. Entonces se vio el despliegue destructivo del Betis en el centro del campo. Ito, el mejor de su equipo, y Cañas anularon a Olivera, muy apagado, y Casquero. El Sevilla se quedó sin línea media y sus jugadores de la banda, Luis Gil y Fredi, sufrieron la falta de suministro. Los sevillistas, asfixiados, tan sólo acertaban a mandar largos balones a Moisés, lo que obligaba al delantero a salir de su entorno, el área, para recibirlos. Belenguer y Juanito le mantuvieron a raya.
En el Betis, romo en ataque, João Tomás paseaba su soledad por el campo sevillista mientras echaba de menos a su enganche, Capi, incrustado en el centro del campo, y a un proveedor de balones como Joaquín, que no es, ni de lejos, el que deslumbró en el arranque de la Liga y que ayer estuvo totalmente maniatado por el buen lateral David.
En toda la primera parte el fútbol sólo se impuso al barullo en dos ocasiones. En el minuto 30, Juanito, Joaquín y Cañas triangularon un balón que el último centró al área. La dejada atrás la remató Capi desde la frontal. El canterano demostró que el estado de su lesión fue una estrategia durante la semana para hacer creer que no jugaría el partido. Su tiro, que salió pegado al poste de Notario, fue el mejor trazado hasta ese momento. Diez minutos después Luis Gil se presentó, desde su centro del campo y con permiso de los defensas béticos, en el interior del área grande. Su disparo lo despejó Prats a córner. El descanso llegó con el Betis metido atrás y el Sevilla en busca del gol con más empuje y posesión que calidad y peligro.
A la vuelta, el panorama permaneció inalterable. Ito conservó su reinado destructor en el centro del campo y la defensa bética impidió el éxito del ataque sevillista. El Betis apareció más concentrado. Joaquín mejoró su actitud, pero, pese a la entrada de dos atacantes nuevos, Amato y César, no mejoró el resultado bético.
En la recta final del partido, el Sevilla, como en la primera parte, volvió a encerrar al Betis en su campo con el mismo éxito, nulo, que 45 minutos antes. Los últimos minutos se perdieron en faltas, roces entre los jugadores, perdidas de tiempo y saques de banda. Sólo dos barullos, uno en cada área, dieron esperanzas de cambio en el marcador a las respectivas aficiones.
El resultado, que dejó a los aficionados huérfanos de goles y de fútbol, deja en mejor situación al Betis, que, pese a sumar sólo dos puntos en los últimos cinco partidos, dio ayer una imagen muy mejorada tras las agitadas últimas dos semanas. Hubo generosidad en el esfuerzo y en la entrega, pundonor, coraje, virtudes copiadas por los béticos de su rival, pero con siete bajas, cuatro de ellas notables, el saldo es positivo. El Sevilla, por su parte, ofreció su aspecto habitual, irreprochable. Pero esta vez su velocidad y su empuje fueron bien contrarrestadas por el rival. Al menos, ambos conjuntos escaparon de la derrota. En un derby no es poca cosa. El desenlace final de esta pequeña Liga entre los equipos sevillanos, en la segunda vuelta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001