Los últimos atentados de ETA han subrayado la extraña situación en la que se encuentra el País Vasco desde que Juan José Ibarretxe explicó su programa respecto al autogobierno vasco en la actual legislatura. Todo el mundo coincide en que las relaciones entre los dirigentes de Vitoria han mejorado, por iniciativa del lehendakari, y en algunos casos son incluso cordiales, pero que desde un punto de vista político las posiciones están, si cabe, más alejadas que nunca.
El PNV no ha cambiado un ápice su discurso, y el PP, tampoco. Los socialistas, que intentan superar sus divisiones internas y caminar un poco más separados de los populares, están de acuerdo, sin embargo, en una cosa: han llegado con el lehendakari a un punto de 'congelación' educada y menos agresiva que antes de las elecciones del 13 de mayo, pero, en definitiva, a un parón difícil de superar, nada esperanzador.
El sector moderado del PNV teme que una consulta sobre el derecho a la autodeterminación lleve despiste y barullo a los propios afiliados a cambio de nada
Esa impresión es compartida por el sector más moderado del PNV, que siempre ha visto al PSOE como un oponente con el que se podía negociar y que ha hecho llegar al lehendakari algunas muestras de su desconcierto. Según su punto de vista, desde las elecciones del 13 de mayo no sólo no se ha producido ningún avance político significativo, sino que se está llegando a una situación de estancamiento que sería quizá tolerable si no se produjeran acciones violentas, pero que será peligrosa con ETA en plena actividad.
Los últimos atentados han venido a profundizar las dudas de este sector sobre la oportunidad de los pasos anunciados por el Gobierno vasco. La única ventaja que observan son las posibles rupturas y abandonos de EH. Prácticamente todos los peneuvistas consideran que la absorción del electorado de EH debe ser un objetivo del PNV y reconocen que el partido lo ha hecho últimamente muy bien en ese sentido. EH está cada día más debilitada y desdibujada, según este análisis.
Sin embargo, el sector moderado, que admite ser minoritario y poco activo, se queja de que Ibarretxe haya asentado su influencia en la dirección del partido, pero sigue siendo un personaje solitario y poco flexible, convencido, incluso emocionalmente, de que éste es el momento histórico para dar pasos sustanciales en el camino de la autodeterminación.
Para algunos de nosotros, explica un ex parlamentario peneuvista de gran prestigio, éste es por el contrario un momento de inquietud. Tememos que el PP siga sin moverse de sus posiciones y que el lehendakari siga con su idea de promover una consulta sobre si los vascos tenemos derecho a pronunciarnos, no se sabe cuándo, sobre la autodeterminación. Ésa puede ser una iniciativa que sólo sirva para producir más barullo, despistar a muchos de los nuestros y colocar innecesariamente a los no nacionalistas, y sobre todo a los socialistas, en una posición de extrema dificultad. 'Y todo ello', añade, 'a cambio de nada real y cuando siguen produciéndose atentados'.
Campaña 'anti-concejal'
La misma idea la comparten los socialistas, cada vez más convencidos de que Ibarrexte 'no atiende a razones' desde un punto de vista político. El lehendakari se esfuerza por recuperar una relación normal con los dirigentes de oposición. En este sentido, tanto Jaime Mayor Oreja como Nicolás Redondo han valorado positivamente las entrevistas que han mantenido recientenente con él y su voluntad de facilitar un acercamiento personal. Pero desde el punto de vista del diálogo político, el PSE reconoce que no se ha producido ningún avance. 'Hemos tenido que recordarle que gobierna con IU y que no hay ninguna razón por la que nosotros debamos apoyar sus presupuestos', asegura un diputado socialista acostumbrado a negociar con el PNV.
Los socialistas vascos admiten que el lehendakari mantiene una posición de firmeza en la lucha contra ETA y que parece decidido a facilitar la coordinación entre la policía autonómica y estatal. Sin embargo, y aunque valoran esta postura, mantienen que tiene menos capacidad de giro, menos flexibilidad política que el propio Arzalluz y que no se mueve ni mínimamente de sus posiciones.
Además, el PSE estima que el PNV tiene todavía que dar un paso importante: enfrentarse a la campaña 'anti-concejal' que los afines a ETA han vuelto a lanzar en los pueblos del País Vasco. No se trata de atentados sino de una presión continua, con llamadas telefónicas y pintadas en los domicilios de concejales o posibles candidatos a concejal del PP y del PSOE en las elecciones de 2003, que terminan por amargar la vida de los vecinos no nacionalistas. Para el PSE, éste sigue siendo un problema gravísimo que hay que atajar ahora, y al que no se podrá hacer frente mientras el PNV no mantenga una posición de claro enfrentamiento tanto en los ayuntamientos como en la calle.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de noviembre de 2001