Nuevo golpe de fuerza contra territorios palestinos. Unidades de infantería, blindados y helicópteros israelíes invadieron ayer la aldea de Araké, al norte de Cisjordania, y secuestraron a 12 vecinos, acusados de estar implicados en acciones terroristas contra Israel. La zona atacada está considerada por el Ejército israelí como un 'nido de terroristas' y desde hace un mes está aislada en una operación militar bautizada con el nombre de Puertas del infierno.
Araké, una aldea perdida de poco menos de 2.000 habitantes, situada a pocos kilómetros de la ciudad autónoma palestina de Yenín, vivió horas de pánico en la madrugada de ayer, cuando centenares de soldados, apoyados por tanques y helicópteros israelíes, entraron en la población, en una nueva operación de castigo decidida por el Alto Estado Mayor de Jerusalén, que intenta acabar con la Intifada.
Los soldados irrumpieron en medio del pueblo, despertando a todos los vecinos por medio de los megáfonos, a través de los cuales se les ordenó permanecer en sus casas y no salir a la calle. Unidades de élite registraron una a una las casas hasta localizar a 12 personas cuyos nombres se encontraban en una lista que había sido elaborada por los servicios de inteligencia, con ayuda de los colaboradores de la zona. En el transcurso de esta operación, uno de los secuestrados fue herido de bala al intentar huir, según aseguraban ayer portavoces del Gobierno palestino.
Entre los secuestrados figura un funcionario de policía palestino y un jefe destacado de los servicios secretos, que dirige Mohamed Hindi desde Gaza. Las otras diez personas capturadas son, presuntamente, militantes de Hamás, Yihad Islámica y Fatah, que han participado en acciones bélicas contra Israel.
Las tropas isarelíes, antes de abandonar la población, dinamitaron la casa de los padres de un activista de los Tanzim, Nader Mohamed Hamderm, que hace un mes perpetró un ataque suicida en los alrededores de la estación del tren de Afula, matando a dos civiles y un soldado. El activista fue abatido por soldados israelíes en el mismo lugar de los hechos.
Esta maniobra militar tenía como objetivo dar a la población un escarmiento por el atentado de Afula, pero sobre todo por el asesinato de una mujer colona, que pocas horas antes fue abatida por disparos de francotiradores palestinos cuando se dirigía al asentamiento de Mevo Dota, en el que vivía junto con su esposo y su hijo.
Mano dura
El atentado contra esta mujer colona, que fue reivindicado por la milicia popular Tanzim, vinculada al partido gubernamental palestino Al Fatah, provocó una airada reacción de la dirección del movimiento colono, que pidió nuevamente al Ejército 'mano dura' contra los palestinos, al tiempo que facilitaba a la dirección de las tropas información según la cual los autores del atentado eran vecinos de la aldea de Araké, situada en las estribaciones del asentamiento.
La incursión de castigo contra Araké es idéntica a la que las tropas israelíes efectuaron hace dos semanas contra Beit Rima, donde murieron siete palestinos y tres casas fueran dinamitadas. La acción punitiva contra Beit Rima provocó la indignación de la comunidad internacional y la inquietud de la población palestina, que descubría sobre su propia piel una nueva estrategia bélica israelí. Paradójicamente, la acción del Ejército se produjo horas antes de que el ministro de Exteriores, Simón Peres, se reuniera con el primer ministro, Ariel Sharon, en su finca del Negev para elaborar un plan conjunto de paz con lo palestinos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001