EE UU recompensó ayer sustancialmente a Pakistán por su apoyo en la operación antitalibán. Tras entrevistarse en Nueva York con el líder pakistaní, Pervez Musharraf, el presidente George Bush anunció el levantamiento de las sanciones impuestas a Islamabad tras los ensayos nucleares de 1998, un crédito de 1.000 millones de dólares (unos 185.000 millones de pesetas), un programa de ayuda para aliviar la deuda y mayor apertura del mercado estadounidense a los productos pakistaníes. Musharraf consigue así en un día pasar de paria a aliado privilegiado de Washington. Desde que tomó el poder hace dos años y hasta el pasado 11 de septiembre, Musharraf era persona no grata en la Casa Blanca.
"Pakistán es un aliado seguro y Musharraf un líder fuerte", dijo Bush tras el encuentro, el primero entre los dos mandatarios. "Pakistán seguirá fuertemente comprometida en la lucha contra el terrorismo", respondió Musharraf. Bush insistió en la total "unanimidad de opiniones" sobre la creación de un nuevo Gobierno en Afganistán que "represente a todos los afganos"y la urgencia de la ayuda humanitaria. También coincidieron en la necesidad de evitar la toma de Kabul por la Alianza del Norte. "Kabul debe ser un muestra del equilibrio entre las etnias", afirmó Bush. "Cuando las fuerzas étnicas tomaron la ciudad tras la retirada soviética se produjeron atrocidades que queremos evitar", dijo Musharraf.
El paquistaní ve así retribuida su arriesgada decisión, de cara a una opinión pública pro talibán, de apoyar a EE UU. "Éste es el principio de una nueva era en las relaciones entre Pakistán y EE UU como la que tuvimos en el pasado", dijo Musharraf al referirse a la época en que Washington usaba Islamabad como base para luchar contra la invasión soviética en Afganistán. Musharraf no consiguió sin embargo los 28 cazas F-16 que Pakistán adquirió y pagó en los ochenta y que nunca le fueron entregados tras deteriorarse las relaciones entre los dos países.
En su discurso ante la ONU, Musharraf pidió explícitamente el apoyo de la comunidad internacional. "Pakistán sigue sintiéndose traicionado por el abandono que sufrió en 1989 tras la retirada soviética de Afganistán. Ahí también estábamos en primera línea y lo único que obtuvimos fueron tres millones de refugiados y una economía arruinada. Nuestra economía se enfrenta de nuevo a una crisis a consecuencia de las operaciones en Afganistán. Necesitamos urgentemente apoyo financiero y comercial".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001