En los tiempos actuales, parece cada vez más como si Madrid hubiese caído bajo alguna invasión enemiga.
Mientras que el régimen de zanjas y obras por tantísimos sitios nos da una dura imagen de estar en guerra o sometidos a persistentes bombardeos. Y no faltando las obras no verdaderamente necesarias ni justificadas o que podían haber sido de menos envergadura y menos perturbadoras. Y a lo que sucede le dan un giro de invasión por alienígenas, por monstruosos seres de otros mundos, esas avasalladoras divisiones de tanques y tanquetas antiambientales, con su horrendo aspecto de pesadilla y con su pesado ruido, sus pestilentes vaharadas de gasóleo quemado y sus agresivas luces enceguecedoras, cuyos diabólicos artefactos nos salen al paso en número cada vez mayor por calzadas, paseos y aceras e, incluso, privando del uso de éstas a los viandantes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001