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COLUMNA

Dom Juan

Noviembre es el mes del Tenorio. Un libertino hace su entrada en un otoño que ya se ha puesto solemne, denuncia la hipocresía, desafía al orden y se burla de lo sobrenatural. Los viejos no concebimos que pasen los Santos sin ver en escena a ese hombre que atropella la razón y escarnece la virtud. Los más jóvenes lo desconocen. La modernez española es huérfana de Don Juan.

Este otoño nos ha llegado, Teatro de la Comedia, antes Don Juan que Don Juan. Molière, el autor de Dom Juan o el festín de piedra no conoció la obra atribuida a Tirso de Molina, El burlador de Sevilla y convidado de piedra, sino que le llegó la historia a través de Italia. De ahí que la situara en Sicilia. Las autoridades acaban de prohibirle el Tartufo y Molière utilizó a don Juan y a su criado Sganarelle para entrar en el debate que enfrentaba al nuevo materialismo de los libertinos con el absolutismo real y el poder de la Iglesia.

Ha sido un gran acierto de la Compañía de Teatro Clásico confiar la dirección de esta obra a Jean-Pierre Miquel, administrador general de la Comédie Francaise. El montaje es de una gran teatralidad y de una sobria elegancia, como de quien sabe dar vida al mito literario sin perder la compostura ni hacer aspavientos. El festín de Molière se ha representado poco en España. No es sólo teatro, sino pensamiento encarnado en unos personajes. Es una reflexión civil, humana, estoy por decir política, sobre el tema que empezó siendo teológico con El convidado de piedra.

Tirso y Molière coinciden en que el Comendador ha de llevarse el alma de Don Juan al infierno. El siglo XIX no resistirá tanto. El Tenorio de Zorrilla se dedica a subvertir el orden pero sabe, y doña Inés se lo confirma, 'que un punto de contricción...'; lo que es tanto como gozar a lo católico del más acá y del más allá. Se pregunta uno cómo será el don Juan que, si no falla como a veces sucede, nos traerá noviembre ya avanzado el XXI. El Tenorio es la transgresión y obra en consecuencia. 'Pero don Juan no se arredra; ¡alzáos fantasmas vanos y os volveré con mis manos a vuestros lechos de piedra!'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001