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Reportaje:

El 'paraguas' ruso contra la crisis mundial

Las reservas financieras ofrecen a Moscú un colchón de seguridad para afrontar la baja de los precios del petróleo

Durante los dos últimos años, Rusia ha gozado de una coyuntura económica favorable y de una estabilidad política sin precedentes en toda la década. Ello le ha permitido acumular un superávit presupuestario e impulsar una amplia serie de cambios, incluida la reforma fiscal, que ha reducido el IRPF a un 13% y que ha simplificado el impuesto sobre los beneficios empresariales.

La economía rusa goza de muchas probabilidades para escapar a la crisis que se está iniciando en los países occidentales

La reforma fiscal es uno de los principales logros, ya que ha clarificado y liberalizado el sistema impositivo ruso

Rusia depende del precio del petróleo para pagar deudas, cuadrar el Presupuesto y mantener el crecimiento económico

La economía rusa no ha utilizado el periodo de bonanza para abordar a fondo las transformaciones estructurales y para reducir la dependencia del mercado de materias primas, según afirma a este periódico el economista Mijaíl Zadórnov, vicepresidente del Comité del Presupuesto de la Duma Estatal (Parlamento Federal). Zadórnov, un respetado economista, fue el ministro de Finanzas (noviembre de 1997 a mayo de 1999) que, por primera vez, planificó un Presupuesto sin déficit en 1999.

Los recursos acumulados permiten a Rusia sostenerse, cuadrar su Presupuesto y pagar el servicio de la deuda exterior durante el próximo año, incluso contando con condiciones exteriores adversas, señala Zadórnov. 'Sólo si el precio del petróleo descendiera por debajo de los 12 o 13 dólares por barril y esta situación se prolongara durante más de un año, la balanza de pagos y el Presupuesto federal comenzarían a experimentar problemas serios', dice, esbozando un escenario que, según él, es poco probable. Por fortuna, Rusia ya no se enfrenta a una crisis financiera como la de agosto de 1998, sino a otro tipo de problemas, como su dependencia de las materias primas y el impacto del debilitamiento de la economía mundial sobre el crecimiento y las perspectivas de inversión.

El petróleo, sus derivados y el gas han aumentado su peso en las exportaciones de Rusia y hoy constituyen el 55% de las mismas (el 75% si se suman las exportaciones de metales). Aunque es difícil hacer un cálculo exacto, petróleo y gas aportan como mínimo un tercio de los ingresos del Presupuesto federal, señala el economista. Cada dólar de descenso en el precio del petróleo es un pellizco de 700 millones de dólares en el Presupuesto federal del año 2002, que se calculó partiendo de un precio de 23,5 dólares por barril para el crudo tipo Urals.

El Presupuesto del año 2002 se cumplirá, en opinión de Zadórnov, pero si el precio del crudo desciende a 18,5 dólares por barril, se esfumarán los 3.500 millones de dólares de reserva planificados para el año próximo. Esta reserva, conjuntamente con otros 2.500 millones de dólares, que se destinan al servicio de la deuda exterior, constituye el superávit de 6.000 millones de dólares, contemplado en el Presupuesto del 2002, partiendo del un precio de 23,5 dólares por barril. 'Si el precio baja a 18 o 18,5 dólares por barril, bastará para la deuda, pero no quedaría nada para la reserva'. Los buenos resultados de 2001 permiten al Ejecutivo disponer de 10.000 millones de dólares extra. En el mejor de los casos, la mitad de esta suma se transferirá al Presupuesto de 2002.

En ese año, Rusia debe destinar 14.500 millones de dólares al servicio de su deuda exterior. Estos pagos 'se harán en cualquier caso, aunque los precios del petróleo fueran de 14 o 15 dólares por barril', afirma Zadórnov. El año 2003 resulta más problemático porque Rusia debe pagar un récord de 19.000 millones de dólares de vencimientos. El economista insiste en que 'los problemas sólo pueden surgir si la mala coyuntura mundial y los bajos precios del crudo y el gas se prolongan el año próximo y siguen en 2003'.

'Isla de estabilidad'

El presidente Putin se empeña en presentar a Rusia como una isla de estabilidad y crecimiento en un entorno en recesión. Sin embargo, la economía rusa es sensible al mundo. Zadórnov opina que los pronósticos de crecimiento (el 5,5% para 2001 y el 4,3% para 2002) se podrán cumplir si el precio del petróleo se mantiene entre 18 y 18,5 dólares. Pero si baja a 15 dólares, el crecimiento se recortará hasta un 2% o un 2,5% anual, calcula Zadórnov, que pertenece al grupo Yábloko (la oposición liberal moderada), dirigida por Grigori Yavlinski. La reforma fiscal, puesta en marcha en su mayor parte, es uno de los principales logros de estos años, ya que ha clarificado y liberalizado el sistema impositivo. El impuesto sobre la renta de las personas físicas -antes una escala con un tipo máximo superior al 30% - es hoy un tipo único del 13%. A partir de enero, el impuesto sobre el beneficio empresarial se reduce a un 24% y desaparecen la mayoría de los regímenes de favor antes vigentes. Además, las deducciones en concepto de seguridad social, fondo de pensiones y contribuciones sociales se han simplificado en un 'impuesto social' único.

La reforma fiscal, por otra parte, ha alterado el equilibrio tributario a favor del aparato administrativo central en detrimento de las regiones, ahora más dependientes de los fondos de compensación administrados por Moscú. Según Zadórnov, en los ocho primeros meses de este año, el 58,3% de los ingresos del Estado han ido al Presupuesto federal, y el 41,7%, a los regionales. Si se compara con otros países, la carga fiscal en Rusia supone el 40% del PIB (nominalmente el 48%), lo que, según el vicepresidente del Comité de Presupuestos de la Duma, se sitúa entre el nivel alemán (un 55% del PIB) y el norteamericano (el 35% del PIB).

El código del suelo es otro de los logros de esta época de estabilidad. En octubre, el presidente Putin firmó la legislación aprobada antes en el Parlamento, con la oposición de los comunistas. El Código del Suelo permite la compraventa de un 2% de los 1.700 millones de hectáreas de Rusia y legaliza un mercado que, de momento, no se extiende al suelo agrícola, pero sí al urbano e industrial. Éste podrá ser hipotecado, utilizado como colateral y ser propiedad de extranjeros. Este año, la Duma ha aprobado varias leyes contra la burocracia estatal, pero, en opinión de Zadórnov, el aparato estatal no puede ser controlado con normas sobre la reducción del número de licencias. 'Se necesita la reforma administrativa que estaba en los planes del presidente, pero que hasta ahora ni siquiera ha comenzado', dice. En diez años, el número de burócratas en Rusia se ha incrementado en un millón de personas, aunque el porcentaje de la producción económica de origen estatal se haya reducido a un tercio del total.

Un proceso de privatizaciones aparentemente encauzado

El proceso de privatización ruso está ya encauzado, el dinero ha desbancado al trueque y cubre en estos momentos del 75% al 80% de las transacciones comerciales, y los ingresos reales de la población crecen por tercer año consecutivo en un 10% anual aproximadamente, señala Zadórnov. Las fuentes de crecimiento de la economía, en su opinión, se han desplazado desde el mercado exterior al mercado interior de Rusia. Hoy, el 80% del crecimiento económico es atribuible a la demanda interna (un 60% al consumo interno y un 20% a las inversiones), señala. De momento, los inversores extranjeros son precavidos. Aparentemente 'quieren ver cómo Rusia supera el periodo negativo o tal vez esperan cambios estructurales para estar seguros. Cuanto más deprisa se den éstos, tanto más rápidamente habrá crecimiento económico, incluso con una mala coyuntura. Si la reforma estructural se hace más lenta o se paraliza, podemos encontrarnos con un estancamiento'. Es una visión compartida por algunas de las más prestigiosas casas de inversión occidentales, que consideran que la coyuntura rusa les aleja de las pevisibles consecuencias del enfriamiento económico de los países occidentales. Aunque, no conviene olvidar, el mundo está en pleno proceso de globalización. Al balance positivo de reformas hay que contraponer las tareas por hacer, como la reforma judicial, importante para dar garantías a los inversores, las reformas de los monopolios de gas (Gazprom), de energía eléctrica (Sistema Energético Único de Rusia) y del Ministerio de los Ferrocarriles, entidades todas éstas que fijan las tarifas básicas y, por lo tanto, influyen en la inflación y en la actividad económica global. Poner orden en los monopolios, asegurar su transparencia y controlar el proceso de formación de tarifas es la tarea en ciernes que puede dar un empujón a otras ramas, señala Zadórnov. Por delante está también la atascada reforma bancaria, que hoy enfrenta al Gobierno y los sectores financieros hostiles a una apertura, y la reforma del sistema de pensiones, cuya concepción, aprobada en el Parlamento, prevé un componente acumulativo voluntario en las pensiones de jubilación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de noviembre de 2001

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