Las grandes empresas españolas se la juegan en Argentina. Han invertido más de 41.000 millones de dólares (7,5 billones de pesetas), han pagado 20.000 millones de dólares en impuestos y creado 69.000 empleos durante la última década, pero la crisis crónica de la economía argentina pone en peligro la rentabilidad de sus inversiones. El plan de De la Rúa para evitar la suspensión del pago de intereses de la deuda tropieza con serias dificultades políticas, debido a la oposición de los gobernadores peronistas de algunas regiones. La amenaza de la devaluación del peso y del colapso financiero argentino es una pesadilla para BBVA, BSCH, Repsol, Telefónica o Endesa.
En el último año se perdieron 3.000 empleos diarios y hay 14 millones de 'pobres'
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El anuncio que se difunde desde hace una semana en la televisión lleva la firma de la empresa Quilmes, la primera marca de cerveza del país, auspiciante del Boca y el River, los dos clubes de fútbol más populares del país. Se escucha primero el tradicional verso de aliento para el equipo nacional, parecen miles de voces cantando. 'Vamos, vamos, Argentina / vamos, vamos, a ganar / que esta barra / quilombera / no te deja, no te deja de alentar'. Pero se ve el estadio del River vacío y la cámara se mueve hacia el sitio de donde salen las voces. Recorre el campo, las tribunas y sobre uno de los balcones que dan a la calle, con la ciudad de fondo, descubre que el coro está integrado por varios de los jugadores 'extranjeros', titulares de Argentina. Entre ellos, el Kily González y Roberto Ayala, ambos del Valencia; también la Brujita Verón, del Manchester y el Burrito Ortega, del River, el único que juega todavía en la liga local. Todos ellos y los demás, como una barra brava en pleno éxtasis, saltan y cantan de cara a los vecinos del barrio y de todo el país: 'Vamos, vamos, Argentina, vamos vamos...'.
La coincidencia en el tiempo de esa publicidad considerada 'institucional' con el anuncio del nuevo plan económico del Gobierno produjo un extraño efecto. La agencia encargada de realizar el comercial recibió decenas de felicitaciones y llamadas espontáneas del público que les agradecía porque habían recibido ese 'aliento' de los jugadores de forma personal. Por su parte, los periódicos destacaron el compromiso solidario de las figuras del equipo argentino, volcados hacia diversas tareas de colaboración en conjunto como los aportes de dinero para facilitar cirugías de niños que requieren operaciones de alta complejidad o, en solitario, dedicados participar en partidos con fines benéficos y a sostener escuelas de fútbol y campos de entrenamiento de sus antiguos clubes.
Esperanzas...
Cuando todos esperaban la declaración formal del default, la suspensión de pagos de los intereses de la deuda pública, y se preparaban para la catástrofe, el Gobierno presentó a los acreedores una inédita propuesta de reprogramación voluntaria de esa deuda, estimada ya en unos 140.000 millones de dólares. El canje de bonos, que cotizaban ya a la mitad de su valor por otros a una tasa máxima del 7% de interés pero con mejores garantías, como el impuesto a las transacciones financieras de recaudación diaria y un plazo de gracia de tres años para comenzar a pagar el capital, podría permitir el ahorro de unos 4.000 millones de dólares.
Para un Gobierno que no tiene crédito ni dentro ni fuera del país, acosado como está por un índice de desempleo cercano ya al 20% y con una baja constante de la recaudación de impuestos debido a la recesión económica iniciada hace cuatro años, la posibilidad de disponer de recursos extraordinarios supone la única posibilidad de promover la demanda interna que a su vez ponga en marcha nuevamente el motor de la economía.
Para conseguir la colaboración del Fondo Monetario Internacional, que había prometido a su vez 3.000 millones de dólares como refuerzo de garantías ofrecidas a los acreedores externos, el Gobierno debía primero tener el apoyo de los gobernadores de provincias, a los que ofreció saldar unos mil millones de pesos por impuestos cobrados y nunca remitidos con las letras de cancelación de obligaciones provinciales (Lecop) y firmar un nuevo pacto fiscal con una reducción del 13% en los mínimos de coparticipación mensual de ingresos públicos. Ese acuerdo le permitiría a su vez cumplir con el déficit fiscal cero, requisito básico y pilar del presupuesto 2002.
Todo el plan dependía de que se produjera un efecto dominó. Los salvavidas arrojados, uno detrás de otro, debían encadenarse entre sí y luego rodear al último bote en el que se embarcó el Gobierno para mantenerse sobre su línea de flotación. El presidente Fernando de la Rúa consiguió primero el apoyo de los banqueros y de los gestores de fondos de pensión argentinos que tienen bonos por el 40% de la deuda pública. Era 'eso o nada', como admitió un portavoz de los bancos a El País Negocios. 'Nos hicieron una oferta imposible de rechazar', añadió, parafraseando a Marlon Brando cuando interpretó el personaje de Don Corleone en El Padrino.
... frustradas
La ficha que debía caer a continuación, antes del viaje del presidente y del ministro de Economía a Estados Unidos, era el demorado pacto fiscal con las provincias. Pero, por el momento, va camino del fracaso. Los gobernadores peronistas que controlan 14 de las 23 provincias argentinas rechazaron el plan a última hora del jueves -'no podemos convalidar en el territorio argentino la existencia de ciudadanos de primera y segunda categoría'- y propusieron 'aceptar la existencia, utilización y circulación de títulos públicos en los tres niveles de Gobierno, nación, provincias y municipios' y pidieron que 'el Gobierno nacional deje de retener indebidamente los impuestos que pertenecen a las provincias'. Por lo tanto, en su opinión, a partir de enero de 2002 debería establecerse 'la coparticipación de todos los recursos tributarios, sin pisos ni techos'.
La semana que sigue será decisiva para el futuro del plan y, en consecuencia, del país. En el último año se perdieron 3.000 empleos por día. Sobre una población de 37 millones de personas, 14 millones son considerados 'pobres'. Otros dos millones, con ingresos menores a los 50 dólares al mes, son 'indigentes'. Sólo una de cada tres personas en condiciones de trabajar tiene un empleo, los otros dos son 'subocupados' o 'desocupados'. En medio del escepticismo y la desesperanza, un grupo de futbolistas destacados, entre los que 'zafaron' o se 'salvaron', como se dice aquí a los que se marchan y consiguen trabajo en otro sitio, les devuelven el aliento que alguna vez recibieron desde las tribunas: 'Vamos, vamos, argentinos, vamos, vamos, a ganar...'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de noviembre de 2001