Se antoja una aventura interesante repasar los últimos 133 años de historia de España a través de la peseta. La moneda ha conocido periodos de repúblicas, monarquías, dictaduras y hasta una guerra fratricida, y se ha ido amoldando a cada etapa, haciéndose parte de la vida de generaciones de españoles.
Miguel Martorell Linares, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, rinde en este libro un homenaje a la peseta, que el próximo año será sustituída por el euro, la moneda única europea.
La peseta desaparecerá, prácticamente, de un día para otro, aunque le costó más de 20 años desplazar al resto de monedas que entonces se intercambiaban por la geografía española. Un dato muy revelador es que en el periodo prepeseta, (comprendido entre 1845 y 1868) en España convivieron el maravedí, el real y el escudo, para finalmente llegar la peseta en ese proyecto frustrado de unión monetaria latina.
En el libro hay un poco de todo, porque la peseta ha afectado a muchas partes del saber: historia política, económica, social e, incluso, la historia del arte. También aborda aspectos más espinosos, como la falsificación. Hasta bien entrado el siglo XIX regía para los falsificadores la Lex Cornelia (año 78 antes de Cristo) y en los billetes españoles rezaba esta amenzante leyenda: 'Pena de muerte al fasificador'. También la peseta ha aparecido en la literatura y se ha mentado en zarzuelas y en canciones de menores pretensiones.
La peseta, que nunca llegó a establecerse en las colonias españolas de ultramar, ha recibido numerosas denominaciones por parte del pueblo. Los intentos de la Primera República de representar un león en la moneda como uno de los símbolos de España fueron traducidos por el ojo de los ciudadanos -hay que reconocer que la forma del león no estaba muy lograda-, en perra, apelativo que luego se acompañó de chica y grande.
El bautizo de rubia no sólo le viene del cobre con el que se acuñaba, sino también de una bella mujer de largos cabellos que rápidamente se identificó con una muchacha de blondo pelo. Sin embargo, el oro fue poco utilizado y a finales del XIX la plata le desplazó definitivamente. Así, en 1874 se emitieron 1.131 millones de pesetas en monedas de oro, y en 1896, sólo 67 millones.
En los meses previos a la guerra civil se produjo una importante fuga de capitales y el Banco de España perdió el 30% del capital y se marcharon al extranjero 74 millones de pesetas. Entre 1936 y 1940, periodo en el que convivieron las monedas republicanas y franquistas, Franco consiguió retirar todas las monedas emitidas por gobiernos liberales antes de julio de 1936.
También ha durado hasta nuestros días contar en reales (cuarta parte de la peseta), pese a que con la moneda nacida en 1868 se abrazaba el sistema decimal y, por tanto, el céntimo. Un céntimo que ahora vuelve al primer plano con el euro.
Es un libro muy interesante que está escrito con amenidad y rigor. Le convierte en una obra de fácil y rápida lectura, al tiempo que es muy útil para consulta de nuestro reciente pasado. Y es que en este libro no se habla tanto de economía como del recuerdo colectivo de los últimos 130 años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de noviembre de 2001