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IRLANDA Y EUSKADI

Más diferencias

Apunta el autor que la gran diferencia con Irlanda es que el nacionalismo va asumiendo los presupuestos políticos de ETA.

Tras los atentados del 11 de septiembre casi todos los preocupados por la situación que padece Euskadi nos hemos puesto a cavilar sobre las repercusiones que esos atentados iban a suponer para el resto de los grupos que practican el terrorismo. Enseguida las hemos observado en la decisión precipitada (aunque esperada) del IRA de destruir sus armas e inmediatamente hemos fijado nuestra atención en lo que va a hacer ETA. Muy acertadamente, en un diario catalán, Kepa Aulestia aprecia dos diferencias importantes entre ETA y el IRA, antes de que cundan las fáciles comparaciones y con el fin de que se evite extrapolar con ligereza las circunstancias de ambos grupos y favoreciendo el análisis sereno sobre los deseos mejor intencionados.

La primera diferencia, indica Aulestia, es que 'la fatiga de combate' que padece este tipo de organizaciones ha sido mucho mayor entre los núcleos católicos republicanos del Ulster que en el seno del nacionalismo vasco radical. La segunda consiste en que la alienación de la violencia, como centro de la ideología de este tipo de colectivos, es mucho mayor en el caso vasco que en el irlandés. Debiera apuntar la diferencia con respecto al Ulster que me comentara Onaindia: 'Aquí, en Euskadi, los oprimidos, los católicos, no son los nacionalistas, lo somos nosotros'.

Se pueden indicar mayor número de diferencias. Resulta constatable que la 'fatiga de combate' la padecen en un grado muy superior los que sufren el terrorismo que los que lo ejercen. Las dificultades para renovar las listas de los no nacionalistas ante las elecciones municipales constituye todo un éxito de la acción terrorista, ayudada por la insolidaridad y desamparo social que padecen esas personas; unos concejales a los que el fanatismo de unos les ha puesto en el centro del combate como blancos estáticos, cuando lo que ellos esperaban hacer eran obras y servicios para su pueblo.

Pero, además, en lo político, el terrorismo se puede sentir muy satisfecho al contemplar que reivindicaciones independentistas que mantuviera en solitario durante más de dos décadas, a pesar del llamativo descenso electoral de su brazo político, las ha hecho suyas el nacionalismo gobernante en Euskadi. Este fenómeno, por mucha 'fatiga de combate' que pudiera padecer ETA, constituye todo un aliciente para dar razón y justificación al terrorismo vasco. En este sentido, la crítica moral y ética que padecen los violentos desde el nacionalismo hegemónico resulta insignificante; les puede parecer un ejercicio de cinismo, máxime cuando en declaraciones de ayuntamientos gobernados por la coalición PNV-EA se demuestra más sensibilidad por las familias de los detenidos de ETA que por sus posibles víctimas.

En cuanto a las condiciones internas para que ETA siga el proceder del IRA, hay que manifestarse pesimista. La confirmación por parte del PNV de que existe un presunto conflicto histórico entre España y Euskal Herria legitima en gran medida el terrorismo. Y a la inversa, Ibarretxe puede declarar con aúlica retórica la existencia de ese conflicto porque el terrorismo está presente. Así pues, aunque el cansancio hiciera mella en los reducidos círculos que practican el terrorismo, el discurso del PNV se les ha presentado como un acicate político, incluso moral, para no liquidar la lucha armada. Lo único fatigoso para ETA es contemplar que todo lo que hace es para que finalmente el PNV se mantenga triunfalmente en el poder (esto también lo sabe el PNV) y que el electorado de Batasuna se desliza al partido de Arzalluz cuando se preveía una posibilidad de alternancia en el Gobierno de Vitoria. Creo, sinceramente, que esta es la única fatiga por causa interna que puede hacer mella en ETA y en Batasuna.

Para no acabar con un visión desesperada sobre las posibilidades del fin del terrorismo vasco, habría que apuntar la existencia de causas externas más potentes que nunca. La primera es el Pacto Antiterrorista firmado por el PSOE y el PP; la segunda, el cerco europeo que ETA va a padecer tras la aprobación del Informe Watson y la enorme sensibilización internacional tras los atentados del 11 de septiembre. Y, finalmente, que ETA se ha quedado sola en Europa. Pero, nada de ello es debido a causas internas del nacionalismo vasco y a la actual dinámica política que rige hoy en Euskadi, sino todo lo contrario.Tras los atentados del 11 de septiembre casi todos los preocupados por la situación que padece Euskadi nos hemos puesto a cavilar sobre las repercusiones que esos atentados iban a suponer para el resto de los grupos que practican el terrorismo. Enseguida las hemos observado en la decisión precipitada (aunque esperada) del IRA de destruir sus armas e inmediatamente hemos fijado nuestra atención en lo que va a hacer ETA. Muy acertadamente, en un diario catalán, Kepa Aulestia aprecia dos diferencias importantes entre ETA y el IRA, antes de que cundan las fáciles comparaciones y con el fin de que se evite extrapolar con ligereza las circunstancias de ambos grupos y favoreciendo el análisis sereno sobre los deseos mejor intencionados.

La primera diferencia, indica Aulestia, es que 'la fatiga de combate' que padece este tipo de organizaciones ha sido mucho mayor entre los núcleos católicos republicanos del Ulster que en el seno del nacionalismo vasco radical. La segunda consiste en que la alienación de la violencia, como centro de la ideología de este tipo de colectivos, es mucho mayor en el caso vasco que en el irlandés. Debiera apuntar la diferencia con respecto al Ulster que me comentara Onaindia: 'Aquí, en Euskadi, los oprimidos, los católicos, no son los nacionalistas, lo somos nosotros'.

Se pueden indicar mayor número de diferencias. Resulta constatable que la 'fatiga de combate' la padecen en un grado muy superior los que sufren el terrorismo que los que lo ejercen. Las dificultades para renovar las listas de los no nacionalistas ante las elecciones municipales constituye todo un éxito de la acción terrorista, ayudada por la insolidaridad y desamparo social que padecen esas personas; unos concejales a los que el fanatismo de unos les ha puesto en el centro del combate como blancos estáticos, cuando lo que ellos esperaban hacer eran obras y servicios para su pueblo.

Pero, además, en lo político, el terrorismo se puede sentir muy satisfecho al contemplar que reivindicaciones independentistas que mantuviera en solitario durante más de dos décadas, a pesar del llamativo descenso electoral de su brazo político, las ha hecho suyas el nacionalismo gobernante en Euskadi. Este fenómeno, por mucha 'fatiga de combate' que pudiera padecer ETA, constituye todo un aliciente para dar razón y justificación al terrorismo vasco. En este sentido, la crítica moral y ética que padecen los violentos desde el nacionalismo hegemónico resulta insignificante; les puede parecer un ejercicio de cinismo, máxime cuando en declaraciones de ayuntamientos gobernados por la coalición PNV-EA se demuestra más sensibilidad por las familias de los detenidos de ETA que por sus posibles víctimas.

En cuanto a las condiciones internas para que ETA siga el proceder del IRA, hay que manifestarse pesimista. La confirmación por parte del PNV de que existe un presunto conflicto histórico entre España y Euskal Herria legitima en gran medida el terrorismo. Y a la inversa, Ibarretxe puede declarar con aúlica retórica la existencia de ese conflicto porque el terrorismo está presente. Así pues, aunque el cansancio hiciera mella en los reducidos círculos que practican el terrorismo, el discurso del PNV se les ha presentado como un acicate político, incluso moral, para no liquidar la lucha armada. Lo único fatigoso para ETA es contemplar que todo lo que hace es para que finalmente el PNV se mantenga triunfalmente en el poder (esto también lo sabe el PNV) y que el electorado de Batasuna se desliza al partido de Arzalluz cuando se preveía una posibilidad de alternancia en el Gobierno de Vitoria. Creo, sinceramente, que esta es la única fatiga por causa interna que puede hacer mella en ETA y en Batasuna.

Para no acabar con un visión desesperada sobre las posibilidades del fin del terrorismo vasco, habría que apuntar la existencia de causas externas más potentes que nunca. La primera es el Pacto Antiterrorista firmado por el PSOE y el PP; la segunda, el cerco europeo que ETA va a padecer tras la aprobación del Informe Watson y la enorme sensibilización internacional tras los atentados del 11 de septiembre. Y, finalmente, que ETA se ha quedado sola en Europa. Pero, nada de ello es debido a causas internas del nacionalismo vasco y a la actual dinámica política que rige hoy en Euskadi, sino todo lo contrario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001