A sus 82 años de edad Juan Galea Barjola (Badajoz, 1919) sigue pintando a diario, recluido en su domicilio madrileño, dedicado al cuidado de su esposa y enfrentándose a la experiencia de una pintura de enormes formatos. 26 de sus últimas creaciones, pintadas en el año 2000, componen la exposición del pintor extremeño inaugurada por Caja Navarra en Pamplona. Una muestra en la que el artista cultiva la eterna contradicción entre el amor y la destrucción de lo amado, centrada en uno de los asuntos recurrentes de su arte: la mujer sorprendida en la intimidad.
En los últimos tiempos Juan Galea Barjola ha dado más riqueza a la textura de sus obras. Son más coloristas, aunque conservan los espacios ambiguos, agobiantes, en los que la distorsión corporal de la mujer alcanza una intensidad hipnótica.
La muestra de la sala de arte García Castañón de la capital navarra es una perfecta muestra de que este maestro español del expresionismo, un pintor hiriente, agrio, implacable, que arrastra el pesimismo angustiado de todas las posguerras que le tocó vivir, sigue conservando todo el poder necesario para perturbar al espectador.
Los cuadros de Barjola expuestos en Pamplona siguen expresando la tradicional angustia existencial de su autor y lo hacen con modulaciones de grises y pardos para configurar un mundo de preocupaciones sociales, expresionista y surreal, en el que Barjola se transmuta en un improvisado mirón de figuras femeninas, que observa sin molestar a mujeres convertidas en diosas de la fecundidad. Lo hace con el temor ancestral de todos los hombres hacia la mujer-devoradora, a la que perfila con un trágico lenguaje, pero con un humanismo sentido.
'Pintura de conciencia'
Carlos Catalán, comisario de la muestra que permanecerá abierta al público hasta el 9 de diciembre, destacó la omnipresencia de las tres grandes influencias que Barjola reconoce en su prolífica obra: el mundo surrealista del Bosco, el tratamiento espacial de Velázquez y las pinturas negras de Goya. 'No existe ninguna misoginia en su obra', subraya Catalán, 'a pesar de que una visión superficial de la exposición pueda ofrecer esa impresión. Barjola asalta el intelecto del espectador con figuras femeninas cuya sexualidad los hombres, quizá, jamás alcanzaremos a comprender en toda su riqueza', añadió el comisario de la muestra.
La colección de lienzos expuestos en Pamplona, todos ellos de gran y mediano formato, evocan irremediablemente el trabajo de Bacon, constituye una muestra de 'pintura de conciencia', en palabras de Catalán, y constata la plena vigencia de uno de los más grandes referentes de la figuración expresionista española.
'Cuando su marchante propone a Barjola la venta de uno de sus cuadros, y Juan vive rodeado de cientos de ellos', explicó Carlos Catalán, 'se inicia una dura negociación. El artista vende cuando conoce quién quiere comprar y le convencen los porqués del comprador'. Una genuina muestra del amor por su obra de un creador aislado de las vanidades sociales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001