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OPINIÓN DEL LECTOR

La alternativa a la Religión

Un reciente reportaje en EL PAÍS de Andalucía titulado 'Las dificultades de sacar el crucifijo del aula', mencionaba la persistencia de abundantes símbolos religiosos en las escuelas y los obstáculos que encuentra el alumnado que sale de sus clases cuando en ellas se imparte religión. La legislación andaluza especifica que, en la reunión de inicio de curso, se debe informar a los padres acerca de las actividades concretas que estos alumnos realizarán en estas horas; no pueden hacer deberes y deben hacer determinados talleres: vídeo, ajedrez.

La realidad es que, con excesiva frecuencia, estos talleres encuentran dificultades para su práctica por diferentes causas: falta de material (vídeo o radio), número de alumnos muy pequeño. En estos casos, los maestros preocupados porque se respeten sus derechos nos conformamos con asegurarnos que estén a gusto (con informática, cuentos) y su salida de la clase no sea desagradable.

No obstante, en los colegios hay soluciones organizativas que no exigen necesariamente que los alumnos que no dan religión salgan de sus clases. Un ejemplo útil para la mayoría de los centros, los que tienen dos grupos paralelos para cada curso: el profesor de religión entra en uno de estos grupos, saliendo el alumnado de 'no-religión' con otro maestro a otra aula, mientras el grupo paralelo sigue con su ritmo normal de clases. Se ocupan así tres espacios y tres maestros. En otra hora, el profesor de religión entra en el otro grupo, reproduciéndose la situación.

Una solución posible sería que el profesor de religión tomara en cada una de estas ocasiones a la mitad de cada grupo, quedando la otra mitad junto con los niños que no dan religión en sus respectivas clases con su tutor, que podría así aprovechar el agrupamiento flexible para realizar las actividades que considere más convenientes. Y estaríamos ocupando tres espacios y tres maestros, como ocurre ahora, pero con la ventaja de no dejar a ningún niño aislado de sus compañeros.

La escuela debe educar en los valores fundamentales y dejar las religiones e ideologías concretas, por muy buenas que nos parezcan, para los ámbitos familiares.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de diciembre de 2001