¿No le parece que no es propio de Madrid, capital de España, el lamentable espectáculo que nos ofrece Álvarez del Manzano con las vallas publicitarias del mobiliario urbano convertidas en un continuo reclamo erótico?
¿Cómo hacemos para que nuestros hijos no vean esas cosas?-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de diciembre de 2001