Día tras día, como llevado de una necesidad perentoria, despliego la sección de local para volver a sentirme dichoso por ver y leer a El Roto, y, aunque roto y agachado por tanto necio acontecimiento, me sosiego al comprobar que todavía existen personas capaces de enjuiciar tan divinamente una realidad tan endiablada.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de diciembre de 2001