Carta a Francisco Obregón, delegado Provincial de AA.SS. Delegación Provincial de Asuntos Sociales.
Desde el 19 de septiembre he esperado la contestación a mi petición, que realicé por este medio, de una visita concertada con usted, ya que como bien sabe, usted es el responsable en la administración pública andaluza de la situación de mis hijos y por ende de los trastornos que nos ocasiona como, por ejemplo, el fallecimiento prematuro de mi padre.
Le comentaré que durante estos casi tres meses, ustedes han realizado un cambio de departamento de los expedientes de mis niños (porque supongo que eso son para ustedes, unos expedientes, una pila inmensa de papeles sin cara, sin forma y sin más sentimientos que los que otorga unos papeles amontonados unos encima de otros) y que en este momento, se encuentra en el departamento de 'Acogimiento'. Dicho cambio no se nos ha notificado, así como tampoco los efectos que eso implica...
Me parece lamentable que en esa delegación no se haya podido notificar esta decisión en un formato tipo de los muchos de los que disponen, pasarlo al omnipresente y todopoderoso papel con membrete oficial, con la firma mecánica de cualquier persona al cargo...
Lo único que sé es que, tras mucho indagar telefónicamente, la persona que nos debe atender es el señor Antonio del citado departamento de 'Acogimiento'. El citado departamento, que ha mostrado su diligencia habiendo abandonado nuestro expediente en el olvido con otros muchos más porque después de todo no son más que papeles, no ha recabado que hay una solicitud de acogimiento por parte de la abuela materna desde el 5 de julio de 2000.
No voy a extenderme más ya que lo estimo inútil. Es inútil que le diga que soy una madre joven, capaz, emprendedora, sin problemas, moderna y amante del arte, y todo aquello que resulta evidente: ustedes se han equivocado, pero la Junta de Andalucía siempre tiene razón, incluso cuando se equivoca.
Así pues, en vista de esta actitud tan inquisitorial que me recuerda a regímenes pasados, sólo me resta recordarle que se aproximan fechas muy entrañables que habremos de pasar por segundo año consecutivo sin la alegría de mis hijos y por primer año, sin mi padre que ha sido el motor de esta familia, por ello aprovecho para desearle unas muy felices fiestas navideñas y un año 2002 lleno de satisfacciones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2001