Sin el ánimo de reabrir viejas polémicas, quisiera manifestar mi repulsa ante un hecho insólito que me ocurrió el pasado jueves 6 de diciembre de 2001, día de la Constitución. Como muchos otros barceloneses, aproveché ese día festivo para adelantar mis compras navideñas y decidí acercarme a L'Illa Diagonal. Poco después aparcaba en la calle de Agustina Saragossa y me dirigía al centro comercial en cuestión. Me entretuve un par de horas y a la vuelta, al ir a recoger mi coche, observé que me habían pegado en el lateral derecho de mi matrícula un adhesivo azul con las iniciales CAT y las estrellas de la UE. Para mi sorpresa, pude comprobar que todos los coches de la calle, a ambos lados, lucían el mismo distintivo. Es evidente que una campaña de este tipo es costosa desde el punto de vista económico y no puede atribuirse a una iniciativa personal. Por tanto, presumo que detrás de ella se encuentran grupos de presión de marcada orientación política. A mi juicio, es un abuso de poder que dice bien poco del que la haya organizado. Eso sí, al menos habla del respeto a la opinión de los demás que tienen estos señores, sea quienes fueren.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2001